Miradas

Momentos de crisis y desconcierto

Momentos de crisis y desconcierto
Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo
| 2026-09-17 00:04:00

En Bolivia todo el mundo anda casi ciego. Las situaciones y las instituciones están desbordadas y nadie se atreve a decir nada. No sé si no pueden, no quieren o esperan algo. Lo cierto es que los días pasan, se acerca octubre, muchos amenazan, pocos piensan y todos están preocupados por los efectos de la crisis. Muchos no venden; otros venden cargos públicos, como en YPFB, pese a la supuesta intervención estatal. Al parecer, la fiesta continúa y en Bolivia nos enteramos de que no hay profesionales petroleros, mientras siguen reciclando y contratando gente allegada al antiguo régimen. Mientras tanto, nuestros jóvenes profesionales petroleros se aventuran a abrir negocios o trabajan de taxistas. Cada uno vela por sus intereses particulares, mientras el país se va por el caño.

El presidente Rodrigo Paz, un cínico simpático, hace un mal gobierno, tolerante con la corrupción y el abuso de poder, pero de aquí a diez años todos lo habrán olvidado. Ese será el legado de su presidencia. Así es Bolivia, un país que no tiene memoria. Estoy seguro de que al actual gobierno poco le importa el resultado de su actuación gubernamental; lo esencial para ellos es que nadie diga nada de la corrupción y que nadie recuerde nada. Por ejemplo, los mandamientos de aprehensión contra el expresidente y el caso Cerimedo. Por eso, ha impuesto una rigurosa censura a la prensa. Según ellos, las redes sociales deben ser controladas, bajo el pretexto de que no conviene a la imagen del país mostrar la cara oscura del gobierno de Rodrigo Paz. El presidente, para salvar la situación, hace todo tipo de concesiones, promesas y mensajes tranquilizadores.

Nadie quiere echar más combustible a la hoguera, pero los enemigos del presidente Rodrigo Paz son muchos y, a pulso, se ha ganado nuevas enemistades. Las grandes preguntas son: ¿Hasta cuándo durará esto? ¿El Gobierno tendrá la fuerza para mantener esta situación? Lo dudo. No es bueno el camino del escándalo y del crimen organizado por el que va recorriendo Bolivia. Muchos se burlan cuando tocamos estos temas. Las nuevas generaciones han quedado contaminadas por el antiguo régimen; muchas están ahora en la función pública, pero tan alejadas de la ley y la moral que a algunos les parece normal ocasionar un daño económico al Estado. Para ellos, hablar de ética en el servicio público parece una patraña. La corrupción se ha vuelto un modus vivendi. Dicen: “Si no lo hago yo, otro lo hará”. Por eso, la corrupción y el abuso de poder se han convertido en algo natural.

Los bolivianos somos producto del pasado; estamos hechos para que corruptos y abusivos tomen el poder. Uno de ellos se acostumbró a dominar el país a punta de bloqueos y violencia. Aquí predomina la espiral del silencio. Hay un silencio resignado, impresionante y terrible. Tan grande es que en las calles de Bolivia se oye resonar el retorno del antiguo régimen, aunque la verdad nunca se fue: sigue gobernando desde las sombras, utilizando a títeres como Rodrigo Paz u otros personajes.

No hay partidos políticos, hay taxi-partidos; tampoco corrientes ideológicas, jefes de partido sin tacha, hombres de Estado ni grandes personalidades. Es necesario que los jóvenes asuman la dirección del país. Es hora de que las nuevas generaciones se hagan cargo de los asuntos públicos.

Hay, eso sí, politiqueros que se agitan, manipulan, van y vienen como moscas, buscando cargos públicos que comprar o vender. Es un negocio rentable, pero son inútiles a la patria. Viven de los negocios y negociados con el Estado, con el único deseo de enriquecerse ilícitamente a costa del país. Muchos todavía tendrán el cinismo de presentarse a las próximas elecciones, aunque los ciudadanos ya no creen en ellos. Ellos mismos cavaron su tumba y su propio suicidio político.

El nuevo liderazgo son los jóvenes. La juventud desea dirigir los destinos de la patria, apoyada por gente de experiencia y bien intencionada. Por eso, el rol de la universidad es fundamental. Queremos jóvenes preparados, con moral, iniciativa y ambición de mejorar cada día. Hay jóvenes descarriados, pero también jóvenes generosos, desprendidos, honestos y con principios. A ellos hay que apoyar para salvar el país y concretar los cambios estructurales que necesita Bolivia. El gobierno no solo es cuestión de edad o audacia, sino de capacidad.

Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo