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“Efecto Mandela”, mi teoría y una respuesta cristiana

“Efecto Mandela”, mi teoría y una respuesta cristiana
Javier Gómez Graterol - Religioso y periodista | Religioso y periodista
| 2026-09-05 08:43:46

Mi algoritmo es algo excéntrico; ahora me aparecen referencias al llamado «Efecto Mandela». Se le llama así al fenómeno psicológico en el que un gran número de personas comparte un recuerdo falso o distorsionado sobre un hecho, evento o detalle que nunca ocurrió o que no sucedió como se recuerda.

Un ejemplo claro para explicar mejor esta noción: ¿conoce usted el Hombre de Vitruvio de Da Vinci? De ser así, visualícelo en su mente un momento: ¿con cuántos brazos lo recuerda? Muchos dicen que con seis y otros que con cuatro. Para los conspiranoicos, recordarlo con una u otra cantidad de brazos es señal de que se vive en alguna realidad alterada y de que se conserva un residuo mental de la otra. Este efecto ha cobrado fuerza en las redes porque hay quienes afirman que esta «fusión» o «alteración» de realidades es producto del encendido y apagado del celebérrimo Gran Colisionador de Hadrones.

Para ofrecer una respuesta, debo mencionar antes un experimento realizado por un grupo de psicólogos. A un primer grupo de niños que interpretaba un baile escolar se le pidió que ejecutara la coreografía de la manera más precisa posible, pero con una condición: debían mantener una cara triste, seria o inexpresiva. Al grupo siguiente se le pidió que hiciera la misma coreografía con errores, pero con rostros alegres. Al final, se consultó la opinión de varios asistentes y se notó que la mayoría atribuía los fallos al grupo de las caras tristes.

Esta notable alteración en la percepción colectiva corresponde a fenómenos documentados sobre percepción social, tales como la relación entre la expresión facial y el sesgo de atribución, o el «efecto de contagio emocional», según el cual el ser humano procesa las microexpresiones de manera prioritaria e inconsciente. Cabe señalar también el «sesgo de confirmación y halo»: si las personas ven rostros tristes o frustrados, asumen de forma automática e inconsciente que algo sale mal (evaluando el rendimiento como «malo»); en cambio, si ven caras felices, interpretan que todo sale según lo planeado (evaluando el desempeño como «exitoso»). Otro elemento es el de la «conexión sobre la perfección», pues está comprobado que, en la comunicación humana y el arte escénico, la emoción transmitida suele tener un impacto memorístico mucho mayor que la precisión técnica.

Habiendo sintetizado todo esto, en vez de preocuparme por si estoy en otra realidad solo por no recordar cuántos brazos exactos tiene el Hombre de Vitruvio (o cualquier otra «prueba», espero que se note el sarcasmo), me pregunto si mi memoria no estará simplemente fusionando una imagen con otra. Después de todo, al haber visto esta obra y también representaciones de Shiva, Vishnu o Kali, mi cerebro —dado a la detección de patrones— pudo haber creado un falso recuerdo a partir de la mezcla de imágenes reales.

Una respuesta cristiana al fenómeno:

La fe cristiana llama al discernimiento, a la verdad objetiva y a la sobriedad mental. Por ello debemos dejar de llevarnos por mitos, conspiraciones o «fábulas profanas» (1 Timoteo 4,7, 1 Tesalonicenses 5,21) para descansar en la realidad creada por Dios. El «Efecto Mandela» no es prueba de mundos paralelos ni de alteraciones en el tejido de la realidad, sino un sutil recordatorio de nuestra propia finitud. Revela lo fácil que la mente humana —diseñada para buscar orden, pero limitada en su alcance— puede aferrarse a ilusiones fantásticas con tal de no admitir su propia imperfección. En lugar de buscar respuestas en teorías conspirativas o en relatos esotéricos que solo alimentan la confusión, la fe nos llama a la sobriedad y a la humildad. Nos invita a reconocer que nuestra percepción es falible, que no lo sabemos todo y que la verdad no depende de la fragilidad de nuestros recuerdos, sino del orden firme y soberano establecido por Dios ((Proverbios 3,5, 1 Corintios 13,12). 1 Timoteo 4,7: «Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad...» Dios con nosotros.

Javier Gómez Graterol - Religioso y periodista | Religioso y periodista