Rodrigo Paz arrastra un
prejuicio que suele acompañar a los tarijeños, cosa que no es verdad en la gran
mayoría de los casos, aunque podríamos estar frente a la gran excepción. (¿Se
entendió, no es cierto?) Muchos bolivianos comienzan a creer que Rodrigo Paz
tiene el mismo problema del ex presidente peruano, Alejandro Toledo, es decir,
cierto desapego al rigor cotidiano, una predisposición a esquivar la disciplina
del trabajo sacrificado y una gestión marcada por la informalidad. Sin embargo,
Toledo, pese a que no era muy apegado al trabajo duro, sabía tomar decisiones,
delegar y eso lo llevó a un gobierno de grandes logros. Bajo su mando, Perú
consolidó su apertura comercial, mantuvo una envidiable estabilidad
macroeconómica y promovió reformas estructurales clave. Salvando por supuesto
el hecho que estuvo involucrado en casos de corrupción que lo llevaron a la
cárcel, pero en Perú, eso no es novedad. Grandes presidentes han terminado
presos. En definitiva, no se trata de sudar la gota gorda o hacer del gobierno
una demostración de laboriosidad, sino de explotar otras virtudes que
seguramente la tienen los tarijeños, salvo grandes excepciones.