Los bolivianos fuimos contundentes en las últimas elecciones. El pueblo le dio un voto castigo al MAS después de casi 20 años de abuso de poder por dirigentes y federaciones que se arrojaron la representación del pueblo olvidando sus promesas y potenciando las prebendas.
Durante esos años vimos una justicia sometida al poder político, el escándalo del Fondo Indígena, instituciones debilitadas y denuncias recurrentes sobre corrupción, clientelismo y narcotráfico. También vimos cómo la institucionalidad electoral perdió credibilidad.
Pensábamos que cambiar de Gobierno significaría comenzar a cambiar esas prácticas. Pero nada ha cambiado.
Las elecciones subnacionales volvieron a dejarnos episodios preocupantes. Candidatos a la Alcaldía de El Alto, como Eyner Viscarra y el mayor Vargas, quedaron fuera de carrera prácticamente sobre la hora electoral. Y mediante chicanas y maniobras políticas, más de dos millones de paceños terminamos sin poder elegir gobernador.
Sin defender candidatos específicos, de lo que se trata es de defender el derecho ciudadano a elegir. Y las “maniobras de comunicación política” del oficialismo buscaron precisamente lo contrario: acumular poder en lugar de reconocerlo en los otros.
Y mientras todavía intentábamos entender estas señales, apareció el caso de las denominadas “narcomaletas”: decenas de valijas ingresaron por Viru Viru sin pasar por los controles correspondientes. Meses después, todavía existen preguntas fundamentales sin respuesta.
Ahora Nadia Beller denuncia que legisladores recibirían pagos adicionales para respaldar determinadas leyes del Gobierno. Es una acusación que deberá demostrar. Pero resulta imposible no recordar aquellas denuncias de la época del MAS donde ministros eran encontrados con maletines, dirigentes recibían fondos en sus cuentas personales y se acostumbraba a la compra de lealtades políticas.
¿Cambió el Gobierno o simplemente cambiaron los operadores?
Cerimedo no era un ciudadano cualquiera alrededor del poder. Distintos actores del propio Gobierno han reconocido su cercanía con Rodrigo Paz y públicamente se lo ha identificado como su asesor personal, aunque sin ocupar formalmente un cargo estatal.
Eso plantea una pregunta elemental: si asesora al Presidente pero el Estado no le paga, ¿quién le paga? ¿A quién representa? ¿Qué intereses tiene una persona con semejante nivel de acceso al poder?
Hoy Cerimedo está siendo investigado por tentativa de feminicidio después del ataque armado contra Nadia Beller. Será la justicia la que determine responsabilidades y debemos respetar la presunción de inocencia.
Pero Beller ha realizado acusaciones todavía más graves: sostiene que intentaron silenciarla porque posee información sobre presuntos hechos de corrupción que alcanzarían a personas cercanas al poder. Son denuncias, no hechos probados. Precisamente por su gravedad deberían investigarse hasta las últimas consecuencias.
Pero no debemos olvidar que nunca votamos para reemplazar una cúpula por otra.
Durante años criticamos al MAS porque permitimos que el poder político penetrara las instituciones, debilitara los contrapesos y construyera redes de protección alrededor de quienes gobernaban. Sería una enorme hipocresía guardar silencio cuando prácticas similares aparecen bajo un Gobierno distinto.
Yo fui crítico de Rodrigo Paz desde el principio. Advertí improvisación donde otros veían renovación. Pero incluso siendo crítico esperaba equivocarme.
Hoy estoy profundamente preocupado. Bolivia atraviesa una de las crisis económicas e institucionales más complejas de las últimas décadas y nuestra clase política, salvo honrosas excepciones, parece estar muy lejos de comprender la dimensión histórica del momento.
Mientras la política discute cargos, cuotas y espacios de poder, los bolivianos enfrentamos pérdida de poder adquisitivo, falta de dólares, empresas debilitadas, poco empleo formal y una economía incapaz de generar suficientes oportunidades.
Por eso el problema de Bolivia ya no puede reducirse a elegir entre MAS o anti-MAS, izquierda o derecha, porque el país no necesita solamente cambiar de presidente. Necesita cambiar la forma en que funciona el poder.
Necesitamos justicia independiente, instituciones fuertes, transparencia y consecuencias reales para quien robe, trafique influencias o utilice al Estado para proteger intereses particulares, independientemente de su partido.
Pero tampoco será suficiente una reforma política.
La estabilidad democrática necesita una economía capaz de ofrecer oportunidades. Bolivia debe dejar de esperar eternamente la próxima bonanza de recursos naturales y comenzar a construir riqueza mediante productividad, empresas, tecnología, industria, exportaciones y empleo. Sin embargo en la cartera de economía han estado más preocupados en empréstitos, escándalos y vehículos, más que en el desarrollo de una visión país.
Por eso necesitamos reconstruir nuestras instituciones, pero también nuestra economía.
Necesitamos una Revolución Productiva.
Porque si solamente cambiamos de Presidente para seguir haciendo lo mismo, habremos pasado del MAS… al peor.
Antonio Riveros