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La corrupción política

La corrupción política
William Herrera Áñez | Jurista y autor de varios libros
| 2026-08-23 08:34:55

La corrupción política y sus múltiples manifestaciones negativas se han convertido en un “cáncer” transversal que amenaza al Estado y a los Estados. Este fenómeno se encarga de degradar sistemáticamente las instituciones democráticas, la sociedad, el desarrollo sostenible de los pueblos y los valores esenciales de nuestra civilización. Se trata de una amenaza real para los valores de la democracia, la ética y la justicia, así como para el sistema político nacional e internacional.

Los sucesivos hechos de corrupción en Bolivia han minado la legitimidad del Gobierno, el Legislativo, el Poder Judicial y las instituciones democráticas. De hecho, cuando los funcionarios públicos persiguen sus propios intereses, entran rápidamente en conflicto con los intereses de la sociedad y de la gestión pública. Ello produce un desequilibrio de autoridad entre las instituciones públicas, en primera instancia, y entre el Estado y la sociedad civil, en segunda instancia. Estos conflictos llevan a deslegitimar al Gobierno y, en casos extremos, a la desobediencia civil y a la violencia que caracteriza a muchos regímenes latinoamericanos.

La corrupción generalizada también degrada la igualdad política, porque discrimina a los grupos más pobres que no pueden pagar sobornos a los funcionarios corruptos. También permite la expansión de la delincuencia y el crimen organizado. El poder corruptor del narcotráfico parece universal y tiene grandes aliados —el lavado de dinero, el tráfico de armas y oro, la trata de personas, etc.— y existe no solo en los países periféricos, sino también en los Estados altamente industrializados. De hecho, el traslado de millones de dólares para las transacciones no se hace en cajas fuertes, cajones o escritorios de un empleado de banco, sino mediante el sistema financiero nacional e internacional.

Pero el narcotráfico no solo contamina el modelo económico, político y social, sino que también distorsiona fundamentalmente los principios y valores de la sociedad. Se trata de una combinación diabólica en la cultura nacional que introduce una nueva droga más dañina que todas las “drogas” juntas: el dinero fácil y el menosprecio por la vida humana. Esta cultura del dinero fácil ya se había impuesto en otros países latinoamericanos, seriamente afectados por el narcotráfico. En Colombia, la corrupción institucionalizada le permitió a Pablo Escobar desafiar y medirse de igual a igual con el propio Estado, y generar toda la violencia que ello conlleva.

Según García Márquez, Colombia no había sido consciente de su importancia en el tráfico mundial de drogas mientras los narcos no irrumpieron en la alta política del país por la puerta de atrás: primero, con su creciente poder de corrupción y soborno, y después, con aspiraciones propias (García Márquez, G. Noticia de un secuestro, Bogotá, Editorial Norma, 1996). En realidad, los narcotraficantes habían impuesto una ley que no admitía términos medios: “o estás con nosotros o mueres”. La clase dirigente, antes complaciente, de pronto apareció espantada y sin capacidad moral para hacerse escuchar en el concierto internacional.

La situación se complica mucho más en Bolivia, porque gran parte de la economía depende de los ingresos que genera el narcotráfico. En buenas cuentas, el sistema económico-financiero nacional e internacional parece haberse convertido en el gran adicto del negocio de las drogas. Es que el narcotráfico es la empresa transnacional más poderosa y mejor organizada del mundo. Tiene tanto poder económico que puede corromper e infiltrarse fácilmente en las instituciones del Estado, la clase dirigente y los sistemas políticos.

En la presentación de un libro del investigador Roger Cortez, el expresidente Carlos Mesa Gisbert reconocía que “el negocio del narcotráfico tiene tal dimensión, mueve tal cantidad de miles de millones de dólares, involucra a tal cantidad de Estados, está infiltrado de tal manera en las altas esferas de poder de naciones ricas y pobres, abarca un mercado mundial de tal magnitud…”. También envenena a tal cantidad de seres humanos que desafía el corazón del sistema de una manera contundente, pone en tela de juicio los valores de la sociedad moderna y refleja los elementos más hondos de una crisis y un desmoronamiento, capaz de conducir a millones de personas a la autodestrucción ante la evidencia de un mundo que muchas veces parece no valer la pena de ser vivido.

*Jurista y autor de varios libros.

William Herrera Áñez | Jurista y autor de varios libros