Editorial

¿Gobierno o escándalo?

Hay algo inquietante en la sucesión de escándalos que acompaña al gobierno de Rodrigo Paz. Un gobierno que debería estar concentrado en ordenar una economía exhausta...

Editorial | | 2026-08-20 00:04:00

Hay algo inquietante en la sucesión de escándalos que acompaña al gobierno de Rodrigo Paz. Un gobierno que debería estar concentrado en ordenar una economía exhausta, enfrentar la crisis de combustibles, recuperar la institucionalidad y devolver confianza a los ciudadanos parece estar acumulando una colección de episodios que terminan desviando la atención de lo esencial.

Ahora aparece el caso Nadia Beller baleada en Santa Cruz, un hecho que ha adquirido una dimensión política todavía mayor después de que Fernando Cerimedo, consultor argentino y asesor externo vinculado al gobierno de Paz, fuera detenido cuando intentaba salir del país. La Policía investiga su posible participación y maneja distintas hipótesis, entre ellas, un intento por silenciar graves denuncias de corrupción.

Un gobierno que necesita concentración no puede darse el lujo de quedar atrapado, una y otra vez, en escándalos que involucran a personas cercanas al poder. Primero fueron las 32 maletas ingresadas irregularmente al país, caso que derivó en investigaciones penales y expuso fallas en los controles institucionales. Después apareció el controvertido caso del oro en Viru Viru, con 189,5 kilos incautados y una investigación sobre la liberación de personas vinculadas al cargamento.

A esto se suma el episodio del automóvil de lujo atribuido al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, y las controversias tributarias que lo rodean. Cada caso, por separado, puede tener explicaciones. El problema es la acumulación. Un gobierno que prometió cambio estructural necesita transmitir sobriedad, transparencia, autoridad y capacidad de gestión. No puede ofrecer permanentemente la impresión de estar apagando incendios políticos mientras los problemas económicos se multiplican.

Bolivia no está para telenovelas políticas. Ya tuvimos el caso Zapata, con aquella mezcla de poder, negocios, influencias y espectáculo que terminó convirtiéndose en símbolo de una época. Los gobiernos también tienen sus propios “infaltables”: personajes polémicos, compras inexplicables, maletas sospechosas, riquezas de origen dudoso y escándalos sentimentales que terminan contaminando la política.

La diferencia es que hoy Bolivia no vive una bonanza que permita distraerse. El diésel para grandes consumidores acaba de subir 84%, mientras persisten las dificultades de abastecimiento y una economía golpeada.

Por eso el problema no es solamente que existan escándalos. El problema es que parecen ocupar demasiado espacio en un gobierno que necesita ocuparse de cosas mucho más importantes.

Bolivia necesita seriedad. Necesita un Gobierno concentrado, técnico y disciplinado. Necesita saber hacia dónde va. Y, sobre todo, necesita que quienes ejercen el poder comprendan que cada escándalo no es un simple episodio de prensa: es una señal que erosiona la confianza.

Bolivia necesita seriedad. Necesita un Gobierno concentrado, técnico y disciplinado. Necesita saber hacia dónde va. Y, sobre todo, necesita que quienes ejercen el poder comprendan que cada escándalo no es un simple episodio de prensa: es una señal que erosiona la confianza.