Cuando el invitado a la fiesta termina reclamando la casa: eso es lo que ocurre hoy en la oposición boliviana. La senadora Tomasa Yarhui acusa de "transfugio" a Branko Marinkovic y otros parlamentarios que se distanciaron de Jorge "Tuto" Quiroga. Pero antes de acusar a alguien de abandonar una casa, conviene revisar quién era realmente el dueño.
En 2025, para competir en una elección no basta con popularidad: se necesita una organización política reconocida legalmente, y cuando varios partidos concurren juntos, forman una alianza. La Alianza Libre que llevó a Quiroga como candidato presidencial fue constituida jurídicamente por el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI) y el Movimiento Demócrata Social (Demócratas), según el acuerdo formalizado el 14 de abril de 2025.
Ser candidato de una alianza no es lo mismo que ser dueño de los partidos que la conforman. Sin embargo, el detalle incómodo es este: el partido Libertad y República (Libre), vinculado a Quiroga, recién obtuvo su personería jurídica nacional el 21 de noviembre de 2025 —después de las elecciones—. El propio vocal del Tribunal Supremo Electoral, Tahuichi Tahuichi Quispe, confirmó que Libre es jurídicamente distinto de la Alianza Libre que participó en los comicios.
Es decir: durante la campaña, el movimiento de Quiroga aún recolectaba firmas para constituirse como partido. Quien sostenía legalmente la alianza eran otras organizaciones ya con personería, entre ellas Demócratas.
Sobre el transfugio, la Ley 1096 de Organizaciones Políticas establece que un representante incurre en esa falta si cambia de militancia, se declara independiente de la alianza que lo postuló, o asume posturas contrarias a sus principios o programa. La misma ley señala que el escaño pertenece a la organización que lo ganó, sola o en alianza.
Entonces hay que discutir la norma completa, no solo la parte conveniente: los curules de 2025 los ganó la Alianza Libre, no un partido Libertad y República que aún no existía legalmente. Y esa alianza estaba integrada por partidos —como el de varios de los hoy señalados como "traidores"— que hicieron posible la candidatura de Quiroga.
¿Entonces quién traicionó a quién?
Esa es la pregunta real. Si un senador de Demócratas se aleja políticamente de Quiroga, no cabe preguntar solo cuándo devuelve el curul, sino quién tiene la facultad jurídica de reclamarlo: ¿el partido Libre, creado después de las elecciones? ¿Quiroga personalmente? ¿La estructura de la alianza? ¿Los partidos que la constituyeron? Esa discusión debe resolverse conforme a la Ley 1096, los documentos constitutivos de la alianza y sus estatutos —no con sarcasmo de columna.
Preocupa que algunos dirigentes crean que un parlamentario fue elegido para obedecer sin cuestionar: votar diferente es traición, cuestionar es venderse, dialogar con el gobierno es transfugio. Marinkovic, Ernesto Suárez y otros pueden equivocarse o cambiar de posición, y si incurrieron legalmente en transfugio, la ley debe determinarlo. Pero una diferencia política con Quiroga no equivale automáticamente a traicionar la democracia. Él fue candidato presidencial, no propietario de la conciencia de cada legislador elegido bajo esa alianza.
Tras veinte años de masismo y una crisis económica profunda, parte de la clase política boliviana parece más ocupada en repartir certificados de lealtad que en resolver los problemas urgentes del país. No sobran tránsfugas: sobran dueños de partidos, jefes que creen que una sigla es propiedad privada, y candidatos convencidos de que los votos les pertenecen a ellos.
Antes de gritar "¡tránsfuga!", valdría la pena revisar los documentos de abril de 2025 y recordar cuándo nació legalmente Libertad y República. Podría haber una sorpresa: que algunos quieren expulsar de la casa a quienes ayudaron a construirla, cuando ellos ni siquiera tenían todavía la escritura.