Miradas

Paz aparente

Paz aparente
Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta - Comunicador social | Comunicador social
| 2026-08-18 05:37:05

Desde la implementación del estado de excepción por parte del Gobierno nacional de Rodrigo Paz, el país vive en una paz aparente. Todo parecería indicar que las cosas marchan viento en popa y que las marchas y los bloqueos quedaron atrás, sin llegar a afectar el desarrollo cotidiano de nuestras actividades. Daría la impresión de que en el país se trabaja a todo vapor, sin interrupción alguna.

Nuestra triste realidad es otra. La gente, día a día, está más enfadada porque no ve una solución rápida a los problemas de la falta de diésel, gasolina y GLP, la subida constante de los artículos de la canasta familiar y la inestabilidad del tipo de cambio del dólar, que marca el termómetro de cómo marcha a diario nuestra economía. Mientras tanto, el Gobierno nacional sale con sus respuestas cotidianas de que están trabajando “duro y fuerte” para solucionar dichos problemas, que, al parecer, llegarán el “día del huiro”.

Muchos sectores sociales, como el transporte citadino, interdepartamental y provincial, ya están amenazando incluso con romper el estado de excepción antes de que el mismo fenezca, el próximo 17 de septiembre, porque no ven solución a sus demandas. El Gobierno de Rodrigo Paz está cometiendo el mismo error del gobierno de Luis Arce, quien, junto a sus ministros, ni siquiera se daba la molestia de salir a las calles de las diferentes ciudades del país para medir el verdadero pulso económico y tener un contacto directo con el verdadero pueblo-pueblo, y no con ese falso pueblo representado por dirigentes sindicales corruptos.

El país está prácticamente paralizado en su movimiento económico porque, sin la provisión de carburantes —diésel, gasolina y GLP, entre otros—, no se mueve nada. Este aspecto da lugar a que muchos “movimientos sociales”, como los cocaleros del Chapare, amenacen nuevamente con salir a bloquear caminos interdepartamentales y las calles de las ciudades una vez que se levante el estado de excepción. Anticipan, además, que no permitirán su ampliación por parte del Gobierno central.

Todo parece indicar que estamos en un callejón sin salida, porque las autoridades nacionales ni siquiera se afanan en encontrar soluciones definitivas a este problema que venimos arrastrando desde el anterior gobierno masista-arcista. Hace más de nueve meses, la gente tuvo la esperanza de que, con la asunción al poder de Rodrigo Paz, todo cambiaría. Nada cambió y seguimos sumergidos, sin encontrar esa luz al final del túnel.

El Gobierno nacional prosigue sin dar una fecha, por lo menos aproximada, para solucionar este “calvario” que vive el pueblo boliviano, mientras las filas interminables en los surtidores de combustibles crecen día a día. Rodrigo Paz prometió a Bolivia, ni bien se hizo cargo del mando de la nación, resolver dicho conflicto. En sus primeras semanas de gobierno, nos hizo creer, con un breve período de abastecimiento, que todo se resolvería, pero solo fue una ilusión.

Pedir disculpas, tanto por parte del propio presidente Paz Pereira como de su ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, no soluciona nada. Lo que la gente quiere es ver soluciones de verdad y no soluciones a medias. Es un secreto a voces que, para resolver este conflicto, es necesario que la administración pública central consiga dólares. Si no se logra dicho cometido, seguiremos observando durante mucho tiempo las filas interminables de vehículos en los surtidores de carburantes.

Pasan los días y estos se ponen en sentido regresivo para el Gobierno nacional, hasta que se cumpla la fecha indicada para levantar el estado de excepción. Y lo que nadie desea es que nuevamente volvamos a esos 53 días de bloqueos y marchas que vivimos entre mayo y junio pasados. Solo y absolutamente depende de Rodrigo Paz y de su Gobierno que el país no quede asfixiado como en esas fechas trágicas que vivimos.

¡Señor presidente! Ponga de una vez soluciones definitivas a este problema de los combustibles, por el bien del país y de su Gobierno. Si no quiere que otra vez esos sindicatos corporativos y corruptos, mal llamados “movimientos sociales”, pidan nuevamente su renuncia.

Juan Carlos Ferreyra Peñarrieta - Comunicador social | Comunicador social