Cada
año, durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, hablamos mucho de sus
beneficios para la salud de los bebés y las madres. Y está bien, porque todavía
existe mucha desinformación, mitos y miedo alrededor de este tema. Sin embargo,
hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿todas las mujeres tienen las
mismas posibilidades de brindar una lactancia adecuada?
En
Bolivia, la respuesta es no.
En
países como el nuestro, hablar de lactancia implica reconocer una realidad que
muchas veces pasa desapercibida, una gran parte de las mujeres trabaja en el
sector informal. Esto significa que miles de madres no cuentan con beneficios
como una licencia de maternidad remunerada, estabilidad laboral durante el
embarazo o espacios adecuados para continuar con la lactancia cuando regresan a
sus actividades.
Incluso
dentro del empleo formal, son pocas las empresas que cuentan con salas de
lactancia o espacios adecuados. En algunos casos, las madres ni siquiera tienen
permitido utilizar las heladeras de uso común o de hacer uso de sus horarios de
lactancia.
Por
eso, sostener la lactancia materna exclusiva durante los primeros meses de vida
puede convertirse en un verdadero desafío. Muchas veces se dice que es la
alternativa “más económica” porque evita el costo de tener que incluir la
fórmula infantil, pero pocas veces se habla del tiempo, el apoyo y las
condiciones que requiere para ser posible. No es solo una decisión personal,
también depende del entorno que vive cada madre.
Las
empresas tienen un rol mucho más importante del que solemos imaginar. Cuando
una organización decide apoyar realmente la maternidad, no solo está cumpliendo
con una obligación legal, está invirtiendo en el bienestar de sus
colaboradores, sus familias y, en consecuencia, en una sociedad más saludable.
He
tenido la oportunidad de trabajar en una organización que ha decidido ir más
allá de las obligaciones legales para apoyar la maternidad. Esa experiencia me
ha permitido comprobar que cuando existen políticas, espacios adecuados y una
cultura de apoyo, la lactancia deja de ser una carga que la madre debe resolver
sola.
Como
mamá, valoro mucho ese acompañamiento. Como profesional, creo que estas
acciones fortalecen la reputación de una organización porque demuestran que el
compromiso con las personas se traduce en hechos concretos y no solo en
discursos.
Promover
la lactancia materna no es únicamente una responsabilidad de las madres. Es una
tarea compartida entre el Estado, las empresas y la sociedad. Mientras miles de
mujeres deban elegir entre alimentar a sus hijos o conservar su fuente de ingresos,
seguiremos hablando de un derecho que, en la práctica, no está garantizado para
todas.
Reconocer
y promover a las organizaciones que deciden crear mejores condiciones para las
madres es un paso importante, pero el verdadero desafío es lograr que ese apoyo
deje de ser la excepción y forme parte de la cultura de cada una, mejorando
significativamente la inclusión de las mujeres en rubros o posiciones donde
sigue siendo un desafío.