Dios te bendiga

Las trampas del cazador

Las trampas del cazador
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-08-14 08:21:54

“Nuestra vida se salvó como un pájaro de la trampa del cazador” (Salmo 124,7).

De costumbre, en la Diócesis aprovechamos la Fiesta Patronal de San Ignacio de Velasco para tener una reunión del Consejo Presbiteral, que en nuestro caso reúne a todos los sacerdotes. A veces, por un descuido de uno u otro, al entrar o salir del obispado, logran escaparse Inti y Luna, mis pastores alemanes, y así sucedió este año. Los pillamos en las orillas de la Laguna Guapomó, pero sucios, temblando y cojeando por algún trauma. No sabemos qué les pasó.

Con los veterinarios ocupados en la Feria de FEXPOSIV, costó conseguir atención, hasta que finalmente, un poco antes del mediodía del sábado, vino a atenderlos el Dr. Luis Denar Parada Saavedra. Quizás fueron los últimos animales que curó, pues fue asesinado más tarde, ese mismo día, mientras atendía su otro negocio, un restaurante, mientras pelaba papas. No tengo conocimiento de las investigaciones, pero parecía ser un tipo metido en el narcotráfico u otra forma de crimen organizado, para que fuera víctima de semejante ataque. Quizás les prestó dinero para armar sus negocios.

Pido a Dios que frustre los planes de estos violentos y que nos proteja de estos maleantes.

El Salmo 124, citado arriba, se inspiró en la experiencia de David, cuando de muchacho salió victorioso contra el gigante Goliat y, más tarde, se escapó del rey Saúl y de otros enemigos. Lo típico de las historias y películas de héroes es así. Pero, en la vida real, muchas veces los verdaderos héroes son los que no se escapan de las trampas del malvado, como Jesucristo, quien no se escapó de la Cruz. La abrazó.

Así, los que fueron asesinados últimamente en Bolivia, siendo blancos de estas pugnas de poder entre grupos del crimen organizado, fueran miembros de estas bandas, policías o inocentes, no se escaparon. Esta violencia es parte de nuestras vidas y sufrimos tanto si estamos en las fronteras como en las ciudades.

A propósito de que “Bolivia, además de ser un país productor y de tránsito, es ya un país consumidor de drogas”, esto fue observado hace diez años por nuestra Conferencia Episcopal en la Carta Pastoral sobre el Narcotráfico y la Drogadicción: “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte” (2016), provocando una carta de protesta del entonces presidente al papa Francisco. No pudo contener su rabia porque dijimos ciertas verdades que él citó. Por ejemplo: “la economía de nuestro país se nutre, en parte, de recursos provenientes del narcotráfico, lo que la distorsiona”, y “como es de dominio público, el narcotráfico, en su estrategia de expansión e impunidad, penetra incluso estructuras estatales y fuerzas del orden comprando conciencias”. Aunque Morales lo negaba, fue así.

Es hora de que el Estado de Bolivia, en conjunto con Brasil y otras instancias internacionales, tome la ofensiva para cazar a estos malvados y poner fin a este flagelo. A pesar del aumento de efectivos policiales en San Ignacio, no dudaron en protagonizar ayer otra balacera. Felicito a la Policía por capturar a una parte de estos violentos. Pero la emboscada y el asesinato del subteniente Yerson Salazar Aliendres, policía investigador, demuestra que las trampas que tienden los cazadores del crimen organizado parecen ser más efectivas que aquellas realizadas por las fuerzas del orden.

Con excepción de este caso, de los otros 200 asesinatos ocurridos en San Ignacio y San Matías en los últimos diez años, no se ha esclarecido ninguno para llevar ante la justicia ni a los autores materiales ni a los capos. Al acercarse el 40.º aniversario del asesinato del científico Noel Kempff Mercado, Franklin Parada Auclos y su piloto Juan Cochamanidis, el 5 de septiembre de 1986, el parque antes llamado Huanchaca es ahora un mayor escondite de los narcos que en aquel entonces.

Debemos comprender que el Salmo 124 no se refiere a cualquier cazador. Es, pues, Satanás. Quienes caen en su trampa son estos violentos. Para toda la eternidad serán asesinos. Aunque logren escaparse de la justicia humana, jamás pueden devolver las vidas robadas. Cargarán con esta realidad en sus malformadas conciencias de por vida y por la eternidad. Delante de Dios, sus excusas no les servirán de nada. Lo mismo vale para quienes participan del negocio de las drogas, aunque no aprieten gatillos. Son mercaderes de la muerte en alianza con Satanás. ¿Será que sus víctimas los perdonarán desde el Cielo?

Los Evangelios de Lucas y Mateo nos cuentan cómo este Cazador intentó ponerle una trampa a Jesús en el desierto, incluso citándole las Escrituras, nada menos que el Salmo 91, que promete: “Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío». Él te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa” (Sal 91,1-3). Satanás es el Cazador; su red está tejida de las promesas de plata fácil; la peste perniciosa es el crimen organizado.

El demonio llevó a Jesús a la parte más alta del templo (90 metros) para decirle que se tirara de allí abajo porque: “Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra” (Sal 91,11-12). Naturalmente, Satanás no citó los versículos siguientes, que dicen: “Caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes. «Él se entregó a mí, por eso, yo lo libraré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación»” (vv. 13-16).

Estos leones, víboras y serpientes son los demonios y el mismo Cazador. Jesús los pisotea como resucitado, habiendo roto la trampa del Cazador al no caer en sus tentaciones, ni siquiera en la Cruz, cuando le decía por medio de otros: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!» (Lc 23,35).

De hecho, cuando Jesús dijo desde la Cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), rompió la trampa del Cazador para todos nosotros, siempre que seamos suficientemente inteligentes para no caer en otra, como hacen los narcotraficantes y sus secuaces.

Lo mismo sucede con todos los que optan por alguna forma de corrupción y falsedad, o abrazan ideologías equivocadas, incluso políticas. Todas ellas empiezan con alguna forma de mentira. Todas requieren una doble vida. Todas terminan en la violencia.

“¡Bendito sea el Señor, que no nos entregó como presa de sus dientes! Nuestra vida se salvó como un pájaro de la trampa del Cazador: la trampa se rompió y nosotros escapamos. Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra” (Salmo 124,6-8).

Querido lector, Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista