
Turquía se ubica como el mercado más caro del mundo para adquirir un iPhone 17 Pro de 256 GB, con un precio de venta al público de 2.592 dólares, según un relevamiento realizado por Deutsche Bank sobre 41 mercados en 2026. Esa cifra representa más del doble de lo que cuesta el mismo modelo en Japón, el país más económico de la comparativa, donde el equipo se vende a 1.121 dólares.
El estudio, publicado el 1 de agosto de 2026, parte de un dato central: Apple comercializa el mismo teléfono insignia en todo el planeta, pero su precio de venta al público varía de manera sustancial de un mercado a otro. Según el informe, esas diferencias no responden a una estrategia de precios diferenciada por parte de la compañía, sino principalmente a factores externos como impuestos, aranceles de importación, regulaciones locales y fluctuaciones cambiarias.
Detrás de Turquía, Brasil ocupa el segundo lugar del ranking con un precio de 2.260 dólares, equivalente al 191% de lo que cuesta el dispositivo en Estados Unidos. Egipto completa el podio de los mercados más caros, con 1.872 dólares, seguido de cerca por Hungría, con 1.826 dólares.
En Estados Unidos, el mismo modelo tiene un precio de 1.181 dólares, una cifra que sirve como referencia para el resto de la clasificación. Esto implica que en Turquía el sobreprecio respecto al mercado estadounidense supera los 1.400 dólares, la brecha más amplia registrada en todo el relevamiento.
El informe destaca que Europa concentra buena parte de la mitad superior de la tabla, un fenómeno explicado en gran medida por el impuesto al valor agregado (IVA), que en la región se aplica de forma directa sobre el precio final de venta al público. Las tasas de IVA varían considerablemente entre países, desde un 27% en Hungría hasta poco más del 8% en Suiza, lo que genera diferencias significativas incluso dentro del propio continente europeo.
Entre los diez primeros puestos del ranking también aparecen Noruega (1.687 dólares), México (1.657 dólares), Suecia (1.601 dólares) y Polonia (1.588 dólares), todos con precios que superan ampliamente el valor de referencia estadounidense.
El caso de Turquía es señalado en el informe como el más atípico de toda la muestra. Además de un IVA del 20%, el país aplica impuestos especiales al consumo y tasas de registro específicas para teléfonos inteligentes, cargos adicionales que se suman al precio base y elevan de forma considerable el costo final para el consumidor.
En el extremo opuesto, Japón se destaca como uno de los pocos mercados donde el iPhone cuesta menos que en Estados Unidos. El informe atribuye este resultado a una combinación de factores: un impuesto al consumo relativamente bajo, del 10%, un mercado de teléfonos inteligentes altamente competitivo y una estrategia de precios que Apple mantiene desde hace años en ese país.
Sin embargo, el propio estudio advierte que esa posición de Japón como mercado económico podría no ser permanente. La compañía ha subido recientemente los precios de algunos de sus productos en el país asiático, luego de varios años de debilidad del yen frente al dólar estadounidense y de fluctuaciones sostenidas en el tipo de cambio.
Más allá de los casos extremos, el relevamiento muestra que buena parte de los mercados europeos analizados —entre ellos Finlandia, Portugal, Grecia, Italia, Irlanda y Dinamarca— presentan precios que oscilan entre 1.550 y 1.580 dólares, es decir, entre un 131% y un 134% del valor vigente en Estados Unidos.
El informe subraya que, más allá de las decisiones comerciales de Apple, son los gobiernos los que terminan definiendo buena parte de lo que pagan los consumidores finales. Los aranceles de importación, las tasas regulatorias y los impuestos específicos sobre productos electrónicos pueden incrementar de forma directa el precio de venta al público, mientras que la debilidad de las monedas locales frente al dólar añade una presión adicional sobre los precios finales.
Por ese motivo, el estudio concluye que la clasificación mundial de precios de iPhone no es estática y puede modificarse con relativa rapidez. A medida que las divisas fluctúan y los gobiernos ajustan sus políticas impositivas y de importación, el mercado más económico de un momento determinado, como ocurre hoy con Japón, podría dejar de serlo en un plazo relativamente corto.