
Un nuevo apagón nacional dejó a Cuba completamente sin suministro eléctrico la noche del domingo, agravando una crisis energética que ya forma parte de la vida cotidiana de millones de habitantes. Se trata del sexto colapso del Sistema Eléctrico Nacional en lo que va de 2026 y del undécimo desde finales de 2024, en medio de un deterioro persistente de la infraestructura energética de la isla.
La Habana amaneció este lunes con semáforos fuera de servicio, estaciones de combustible cerradas y un tránsito caótico. En numerosos barrios, los comercios permanecieron paralizados y los ciudadanos comenzaron la jornada enfrentando nuevamente las consecuencias de un corte eléctrico cuya duración seguía siendo incierta.
Para muchas familias, la primera preocupación fue verificar si los alimentos almacenados en los refrigeradores aún podían consumirse. Sin embargo, los habitantes coinciden en que el impacto de los apagones va mucho más allá de las pérdidas materiales y afecta profundamente el estado de ánimo de la población.
Vecinos consultados describieron una rutina marcada por la incertidumbre. Cocinar cuando hay electricidad, cargar teléfonos móviles antes de un nuevo corte y realizar compras en pequeñas cantidades se han convertido en hábitos cotidianos para reducir las pérdidas ocasionadas por las constantes interrupciones del servicio.
En distintos puntos de La Habana se repitieron escenas de una ciudad parcialmente paralizada. Montones de basura permanecían acumulados en las calles, parques con escasa actividad y peatones caminando entre postes sin iluminación reflejaban el deterioro provocado por la prolongada crisis energética.
Los apagones también afectan la productividad y la calidad de vida de los ciudadanos. Muchos aseguran que resulta difícil mantener una rutina laboral cuando la falta de electricidad impide conservar alimentos, descansar adecuadamente o desarrollar actividades económicas con normalidad.
En algunos sectores de la capital los cortes eléctricos han superado las 30 horas consecutivas, mientras que en varias provincias del interior pueden prolongarse durante varios días. Para buena parte de la población, disponer de electricidad dejó de ser una garantía y pasó a convertirse en un servicio intermitente e impredecible.
Ante el nuevo colapso, el Gobierno cubano inició el proceso de reconstrucción del sistema eléctrico mediante un esquema gradual. El Ministerio de Energía y Minas informó que el restablecimiento del servicio se realiza a través de microsistemas que permiten reincorporar progresivamente las principales centrales termoeléctricas del país.
Las autoridades reconocieron que el avance de la recuperación depende de la limitada disponibilidad de combustible, considerada uno de los principales obstáculos para estabilizar la generación eléctrica. El sistema opera además con centrales termoeléctricas envejecidas que registran frecuentes averías y reducen la capacidad de producción.
El Gobierno sostiene que la crisis también está vinculada a las restricciones para importar petróleo. Según las autoridades cubanas, durante los primeros siete meses del año solo pudo arribar un buque ruso con 100.000 toneladas de crudo, situación que atribuyen al endurecimiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos.
La administración del presidente Donald Trump reforzó además las sanciones contra empresas estatales cubanas, medida que, según La Habana, redujo la llegada de inversiones y divisas necesarias para sostener el sistema energético. Paralelamente, el Ejecutivo cubano impulsa reformas económicas destinadas a introducir mayores mecanismos de mercado para enfrentar la crisis.
Aunque durante la mañana de este lunes comenzó a restablecerse el suministro en algunos sectores y alrededor del 23% de La Habana recuperó la electricidad, la incertidumbre persiste entre la población. Tras una sucesión de apagones nacionales y prolongados cortes de energía, los cubanos afrontan una realidad en la que la electricidad dejó de ser una certeza y cada restablecimiento del servicio es visto como una pausa antes del próximo colapso.