Siempre he dicho que, si fuese por mí, en cuanto a servicio de mensajería instantánea, yo utilizaría siempre Signal, como servicio principal, pero lamentablemente, “todo el mundo” usa WhatsApp, así que es difícil salir de eso. Yo he tenido durante casi veinte años la misma línea telefónica, y desde que comenzó el servicio de WhatsApp, salvo cuando he cambiado de país, es la que he usado. En este número tengo, más bien tenía, forjada toda una actividad de evangelización, especialmente la del “Cafecito Espiritual” con la que inicio el día evangelizando a través de varios grupos, en muchos de ellos porque me han agregado, viendo y sabiendo que evangelizo y nada monetario gano.
El pasado miércoles 29 de julio recibí un anuncio de cese de mi cuenta Whatsapp, sin derecho a apelación, dizque por infringir normas de “envío masivo”. Me he visto obligado, por ese desagradable incidente, a cambiar de número. Eso, luego de tantos años, y en el mundo actual, ha significado para mí, una pesadilla de reajuste, pérdida y recuperación.
Un amigo me dijo: te aseguro que si envías cosas woke, proabortistas, y anticatólicas nada te pasa. No le falta razón a este razonamiento, ninguno de los grupos o personas a los que envío recibe mis mensajes evangelizadores sin su consentimiento.
El mundo se mueve a una dictadura digital: en Europa se está luchando para eliminar la encriptación de mensajes, con la excusa de proteger los niños, pero con líderes socialistas que bien sabemos cómo les estorba la libertad de expresión. Mientras trato de retomar algo con el número nuevo, ya tengo una nueva revisión, y muchos me dicen que no les aparezco como número activo en la aplicación, repito, con el número nuevo (!).
Justo ahora me encuentro notificando por Telegram a los contactos que tengo en ese servicio, y procurando particularizar mensajes para quienes me resultan urgentes en cuanto a comunicarme con ellos en el mismo WhatsApp, activo de nuevo desde hace dos horas al momento de escribir estas líneas. No puedo hacer aún envíos desde otros dispositivos.
Otra cosa que tengo que solucionar es lo de redefinir número de recuperación y acceso en aplicaciones como la del “pago móvil” herramienta de pago instantáneo aquí en Venezuela, puesto que ha de hacerse con el celular “de andar en la calle”, es decir, con ese que te duele menos si te lo quitan en un asalto. Despedirme de este número me ha resultado como despedirse de un viejo criado que ha servido por años y me ha acompañado en el servicio.
Años enteros de enviar rutinaria y religiosamente la misma clase de mensajes, pero para Meta es ahora “envío masivo”, y todo se fue a la basura porque al suspenderse la cuenta no hay forma de recuperar la información.
Pienso ahora en tantos católicos que han sufrido amonestaciones, pérdida de monetización en sus cuentas, cierres abruptos, y todo eso por haberse dedicado a la evangelización, sean de la red que sea, por decir la verdad y difundir el mensaje de Cristo. Crear estos contenidos es parte de una lucha espiritual, por ello se reciben toda clase de consecuencias, y por eso es importante ayudar con la oración, dar me gusta, compartir (y de ser posible apoyar económicamente) a quienes crean contenido evangelizador. Defender la verdad es un deber cristiano y cada uno de nosotros, en esta lucha, tiene que hacer su parte. Mi Instagram es @jegogra. Oren por favor por mí, para salir adelante con todo esto. Dios con nosotros.