Nueva York, símbolo mundial del capitalismo, la libre empresa y la competencia, se dispone a inaugurar un experimento que parece extraído del viejo manual socialista: supermercados financiados por el Estado para vender alimentos subsidiados y por debajo del precio de mercado. El proyecto del alcalde Zohran Mamdani promete aliviar el bolsillo de los consumidores, pero reabre un debate que la historia económica ha recorrido una y otra vez. Los controles de precios y los subsidios permanentes siempre han terminado en fracaso y en resultados totalmente opuestos a los esperados. Ojalá todos los reflectores de Broadway, la otra gran marca de Nueva York, permanezcan encendidos sobre este ensayo. que promete repetir los numerosos desastres observados en otros experimentos de inspiración socialista, Así, el mundo tendrá una nueva evidencia de que el Estado no puede desafiar las leyes económicas. La ciudad que simboliza el capitalismo también podría convertirse en el escenario de una nueva tragedia: la de insistir en una fórmula que, con distintos nombres y matices, nunca ha demostrado funcionar de manera sostenible.