En la política boliviana, cuando una crisis amenaza inundar el Palacio, suele rondar la sospecha de un ritual conocido: la búsqueda de un chivo expiatorio. La reciente aprehensión del ex ministro Mauricio Medinaceli tras el escándalo de la “gasolina basura” evoca para diversos sectores episodios del pasado, como el caso de Oscar Eid durante la presidencia de Jaime Paz Zamora. Hoy, bajo la gestión de su hijo, Rodrigo Paz Pereira, la coincidencia suscita inevitables paralelismos en la opinión pública. Medinaceli pasó de ser la carta técnica para rescatar el sector energético a ingresar esposado a la Fiscalía, justo cuando las explicaciones oficiales sobre el combustible adulterado mutaban constantemente. Ante miles de vehículos afectados y millonarias indemnizaciones, la interrogante queda planteada: ¿está la justicia actuando con estricta imparcialidad ante un fallo de gestión o se busca sacrificar una figura técnica para atenuar el costo político del Gobierno? Entre la investigación oficial y las dudas del debate público, la respuesta aún está por escribirse.