Bajo el penoco

Qué hacer con Evo Morales

| 2026-07-28 00:08:00

Evo Morales ha pasado de ser el caudillo omnipresente a un dilema de Estado en un país exhausto. Amparado en su bastión del Chapare, el cocalero opera como un poder fáctico que desafía la justicia mientras lanza ataques furibundos contra la gestión de Rodrigo Paz. Su estrategia es clara: tensar la cuerda política para victimizarse y dinamitar cualquier intento de institucionalización. El dilema de la orden de aprehensión revela la fragilidad institucional. No es un asunto legal, sino político: ejecutar la captura implica el riesgo inminente de violencia y costo de vidas humanas; omitirla legitima un territorio al margen de la ley. Bolivia no puede sostener este chantaje perenne. Administrar la crisis no significa ceder al chantaje ni precipitar un baño de sangre. Exige desarticular su hegemonía mediante el aislamiento político, la firmeza de la ley sin sobreactuación policial y el restablecimiento del orden económico que le quite combustible a su relato. El Estado debe demostrar que la ley alcanza a todos, sin convertir al acusado en mártir.