Bajo el penoco

El cocalero se burla

| 2026-07-27 00:14:17

Hace más de un año que Evo Morales se ríe del Estado boliviano en la cara, y el Estado sigue haciendo como que no se entera. Pesa sobre él una orden de aprehensión, y sin embargo circula por carreteras y puestos de control con la tranquilidad de quien sabe que nadie lo va a tocar. El último episodio es elocuente: se detiene en un retén antidroga en Chimoré, conversa amablemente con los uniformados, habla de la crisis económica, se despide con un apretón de manos y anuncia que volverá por la tarde. Es un gesto de poder, una demostración pública de impunidad. Y la respuesta del gobierno no es asumir esa provocación, sino abrir proceso disciplinario contra dos tristes sargentos, que seguramente tienen órdenes de no detenerlo. Se castiga al eslabón más débil de la cadena mientras los mandos que dieron la orden de mirar hacia otro lado quedan intactos. No es ingenuidad institucional: es la manera más cómoda de simular que se hace algo.