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La larga tradición “conspiranoica” argentina

Enfoque Internacional | | 2026-07-25 08:50:55

Las teorías conspirativas que surgieron tras la derrota de Argentina en la final del Mundial recuerdan un principio clásico: la navaja de Ockham. Este postulado, formulado por el filósofo Guillermo de Ockham en el siglo XIV, sostiene que, ante varias explicaciones posibles, debe privilegiarse la más sencilla. En este caso, el análisis deportivo parece suficiente: España fue un justo campeón, dominó gran parte del encuentro y superó a la selección argentina en lo futbolístico, físico y mental. Aceptar la derrota, reconocer los méritos del rival y concentrarse en los próximos desafíos resulta más razonable que buscar explicaciones ocultas.

Las teorías conspirativas, sin embargo, tienen una larga historia. Desde la Antigüedad aparecen relatos sobre conspiraciones reales o imaginarias, como el asesinato de Julio César, marcado por la traición y la ambición política. A lo largo de los siglos, estos episodios dieron lugar a interpretaciones cargadas de prejuicios e intereses. Casos más recientes, como el asesinato de John F. Kennedy o los atentados del 11 de septiembre de 2001, siguen alimentando hipótesis alternativas pese a las investigaciones realizadas.

Argentina tampoco ha sido ajena a esta tendencia. En el siglo XIX se registraron hechos que alimentaron sospechas y debates, como la conspiración de Martín de Álzaga contra el Primer Triunvirato, la actuación de la Logia Lautaro, las persecuciones durante el rosismo o la controvertida retirada de Justo José de Urquiza en la batalla de Pavón. Todos estos episodios generaron interpretaciones que aún hoy dividen a historiadores y analistas.

La literatura también reflejó esa inclinación. En La Bolsa, de Julián Martel, publicada tras la crisis de 1890, se atribuyó la responsabilidad del colapso económico a la inmigración, especialmente a la comunidad judía, reproduciendo prejuicios que hoy resultan inadmisibles. Con el paso del tiempo, las teorías conspirativas continuaron presentes en la política argentina.

Durante el kirchnerismo, Néstor Kirchner interpretó diversos conflictos como parte de un plan para desestabilizar a su gobierno. Tras el escándalo de Antonini Wilson y el enfrentamiento por la Resolución 125, llegó a considerar que medios de comunicación, sectores de la Iglesia y actores financieros actuaban coordinadamente contra el Ejecutivo. Sin embargo, esas sospechas nunca derivaron en denuncias judiciales y el gobierno de Cristina Fernández terminó obteniendo una amplia victoria electoral en 2011.

Algo similar ocurrió con Javier Milei, quien atribuyó la corrida cambiaria del año pasado a una maniobra de sus adversarios políticos y algunos sectores privados. No obstante, la dolarización de carteras ha sido una constante en la economía argentina, especialmente en períodos de incertidumbre. Tampoco en este caso existieron acciones judiciales que respaldaran la existencia de una conspiración.

En medio de las discusiones posteriores al Mundial también resurgieron acusaciones de que Argentina es un país racista debido a la ausencia de futbolistas negros en la selección. Si bien existen manifestaciones de racismo e intolerancia, la historia argentina muestra una amplia capacidad de integración de inmigrantes de diversos orígenes. Además, el fútbol nacional contó con destacados jugadores afrodescendientes, como Alejandro de los Santos, José Manuel Ramos Delgado y Héctor "Chocolate" Baley. Más allá de los problemas que persisten, la convivencia entre comunidades de distintas culturas ha sido uno de los rasgos más destacados de la sociedad argentina.

Sergio Berensztein - La Nación, Buenos Aires