Bajo el penoco

Terrorismo digital

| 2026-07-24 00:08:00

Durante los más de 50 días de bloqueos que vivió Bolivia, operó un enemigo silencioso pero devastador: una maquinaria de desinformación tan sofisticada que bien merece llamarse terrorismo digital. El monitoreo del Observatorio de Bolivia Verifica, que analizó 362 contenidos, reveló que siete de cada diez publicaciones eran falsas, y que el discurso de odio, no la información, fue el verdadero combustible de la viralidad. No fue un fenómeno espontáneo. Se trató de una operación costosa y planificada: páginas disfrazadas de medios de comunicación, un 39% del total, usurparon logotipos de canales reconocidos para ganar credibilidad; se produjeron videos, montajes e imágenes generadas con inteligencia artificial; y se orquestaron campañas desde Argentina, Venezuela e incluso desde Estados Unidos y Rusia, todo bajo identidades bolivianas falsas. Este enemigo actuó con impunidad casi total: el 38% de las publicaciones fueron borradas después de cumplir su función, borrando también el rastro para investigadores. Mientras tanto, la ciudadanía celebraba con "me divierte" publicaciones sobre muertes. Ese es el verdadero costo del terrorismo informativo: la anestesia moral de una sociedad entera.