Editorial

Músicos del Titanic

Hay una imagen que todos conocemos: la orquesta del Titanic siguiendo su repertorio mientras el barco se hundía. Los músicos sabían lo que estaba pasando. Tocaban porque era lo único...

Editorial | | 2026-07-23 00:04:00

Hay una imagen que todos conocemos: la orquesta del Titanic siguiendo su repertorio mientras el barco se hundía. Los músicos sabían lo que estaba pasando. Tocaban porque era lo único que sabían hacer, porque el protocolo y la formalidad les daban una sensación de control en medio del caos, porque detenerse habría significado admitir que el naufragio era irreversible. Esa imagen describe con una precisión desagradable al gobierno de Rodrigo Paz.

Bolivia se hunde y el gobierno sigue tocando su partitura de siempre: decretos, protocolos, anuncios formales, gestos institucionales. Falta diésel, faltan dólares, el aparato productivo está paralizado, y la respuesta es un nuevo decreto que congela precios por seis meses, o mil millones de dólares desviados a YPFB para tapar un agujero que no deja de crecer. Son notas correctas en un salón que ya tiene el agua por la cintura.

Ocho meses después de haber recibido un país, en palabras del propio presidente, "devastado", el modelo de Estado sigue exactamente igual: el mismo aparato burocrático sobredimensionado, las mismas empresas públicas deficitarias que el MAS dejó desangrando el fisco durante veinte años. Nada de eso se ha tocado. Lo único que cambió es que ahora hay menos con qué sostenerlo. Con el MAS teníamos los mismos problemas de fondo, con el agravante que hoy tenemos menos gas, menos dólares, menos reservas. Es decir: la misma orquesta, el mismo salón, pero con más agua adentro.

El horizonte que viene es todavía más duro. Bolivia tendrá que empezar a importar gas a un costo varias veces mayor. Se habla de un crédito del FMI como si fuera el bote salvavidas que todos esperan, pero sin un cambio real en el modelo de gasto público, ese dinero se va a evaporar en semanas.

Las reformas estructurales de las que tanto se habla siguen siendo promesas. El saneamiento de las empresas públicas deficitarias —el mismo aparato estatal que ya quebró al país durante veinte años— no se toca. Y la reforma judicial, indispensable para dar seguridad jurídica a cualquier inversión, sigue esperando turno detrás de otras prioridades.

La agenda pública se llena de discusiones formales, como la del 50-50 en la distribución de recursos: una disputa protocolar sobre cómo repartir algo que el país ya casi no genera. Es la música de fondo perfecta para un naufragio: solemne, ordenada, y completamente ajena a la urgencia real. Un gobierno que parece más preocupado por el gesto simbólico, por la fotografía y la condecoración, que por bajar a la sala de máquinas a tapar la vía de agua.

La diferencia entre los músicos del Titanic y un gobierno es que la orquesta no tenía forma de cambiar el destino del barco. Rodrigo Paz todavía puede dejar el atril, bajar a las bodegas y desmontar el Estado que hunde a Bolivia: las empresas públicas que pierden dinero cada día, la burocracia que nadie quiere reducir, el modelo centralista que ya fracasó una vez. Pero mientras siga prefiriendo el protocolo a la decisión, la formalidad a la reforma, la música seguirá sonando en el salón de baile mientras, un piso más abajo, el agua sigue subiendo.

Nada se ha tocado. Lo único que cambió es que ahora hay menos con qué sostenerlo. Con el MAS teníamos los mismos problemas de fondo, con el agravante que hoy tenemos menos gas, menos dólares, menos reservas. Es decir: la misma orquesta, el mismo salón, pero con más agua adentro.