Bolivia vuelve a batir un récord que debería avergonzarnos: 14.358 millones de dólares de deuda externa, y ya pagamos más de lo que recibimos en nuevos préstamos. La cifra confirma lo que muchos veníamos advirtiendo: seguimos endeudándonos para financiar la farra que dejó el MAS, una farra que, lejos de terminar, continúa intacta. El 90% de los nuevos desembolsos no fue a carreteras, hospitales ni energía, sino a "apoyo presupuestario", es decir, a tapar el hueco fiscal que el populismo cavó durante años. Lo más preocupante no es solo el monto, sino la actitud: el Gobierno anuncia, casi con orgullo, que seguirá contratando deuda, más créditos, más compromisos en dólares que cada vez cuesta más conseguir. No hay señales de ajuste real, no hay un plan de austeridad, no hay cambio de rumbo. El derroche sigue, las reservas se agotan, las exportaciones caen y la promesa de transformación se diluye entre comunicados optimistas. Seguimos, en definitiva, en las mismas: endeudados, sin rumbo claro y pagando la fiesta ajena con el futuro de todos.