Para las entidades y personas naturales que practican la filantropía, uno de los asuntos de mayor relevancia reside en el hecho de que sus desembolsos beneficien verdaderamente a sus destinatarios. Lo anterior implica que los recursos no se diluyan en los aspectos burocráticos de las organizaciones no gubernamentales (ONG) u organizaciones de la sociedad civil (OSC), y que no se malversen o se extravíen, entre otros riesgos. Por ello, las actividades por desarrollarse deben procurar ciertas condiciones que ofrezcan tranquilidad a los financistas.
Como modo de disminuir esta incertidumbre y garantizar el buen uso de las contribuciones, los entes ejecutores y profesionales de las ciencias humanas cuentan con la planificación. Esta es una de las herramientas más importantes y poderosas para realizar acciones exitosas. Consiste en un procedimiento metódico que, tras un diagnóstico de la situación que se va a abordar, ayuda a definir objetivos y metas, así como a establecer los pasos y recursos necesarios para alcanzarlos en un espacio y tiempo determinados.
Sin embargo, y a pesar de ser un instrumento que se formula basándose en variables cuantitativas (cantidades) y cualitativas (atributos o características), constantemente requiere prever un margen de error o la posibilidad de hacer ajustes en su acción, dado que hablamos de procesos sociales que siempre son dinámicos y cambiantes, y porque el comportamiento humano y la realidad no son cien por ciento predecibles. En este orden de ideas, y a la par de cualquier iniciativa, conviene contemplar planes de contingencia. Si no se aplican estas consideraciones, es posible que se produzcan complicaciones con repercusiones indeseables para quien sufraga, quien ejecuta y quien recibe el acompañamiento o respaldo.
Obviar esto al momento de efectuar auditorías es cómodo para el auditor y quizás brinda la sensación de seriedad y transparencia a los inversionistas que colaboran con la ciudadanía. Además, en Latinoamérica, donde diferentes países tienen tradición de corrupción o fraudes, puede parecer algo deseable y recomendable, pero suele constituir una equivocación.
Con frecuencia, al llevar a cabo las actividades con los individuos o colectivos, la propuesta inicial es propensa a ajustarse: algunas se extienden más allá de lo previsto en un principio, otras se reducen y algunas ni siquiera se concretan, porque quien guía se va percatando de los puntos más débiles del grupo atendido y ha de abocarse a prestarle asistencia. Es como un maestro: sabe que en el grado que se le asigna hay un promedio de horas disponibles para impartir tal o cual lección; no obstante, no todos los alumnos aprenden a la misma velocidad, por lo que el docente se ve inducido a preparar adecuaciones al dictar sus clases.
Lo fundamental es que haya un diálogo permanente, sincero y oportuno, y que fluya la información entre las partes. Ya quedará a criterio del inversor si sigue o no apadrinando un proyecto o programa que experimentó modificaciones; pero, por lo general, si las razones de las rectificaciones son válidas, el apoyo continúa.