¿Qué tienen en común una secretaria, una asistente administrativa y una recepcionista? Más allá de sus funciones cotidianas, comparten una característica que hoy adquiere especial relevancia: son ocupaciones claramente sobrecargadas en términos de género y, a la vez, de las más expuestas al riesgo de sustitución por el avance de la inteligencia artificial (IA) generativa. Tareas como redactar informes, responder correos, organizar agendas o procesar datos pueden ejecutarse en segundos mediante sistemas digitales.
Durante los últimos meses, gran parte de la conversación sobre IA y empleo femenino se ha centrado en las amenazas. Diversos organismos internacionales han advertido que la transformación tecnológica avanza de forma desigual entre sectores y tipos de empleo, y que sus efectos negativos sobre las mujeres ya son observables en el mercado laboral actual.
Sin embargo, limitar el debate a una narrativa de pérdida de empleos impide observar otro fenómeno igualmente importante: numerosas organizaciones ya invierten en programas de reconversión profesional que buscan transformar el trabajo femenino en lugar de sustituirlo, lo cual podría contribuir a cerrar brechas laborales de género.
La tecnología no elimina a las personas, sino ciertas tareas
La evidencia disponible indica que el uso creciente de tecnologías digitales en el ámbito laboral está incrementando la demanda de habilidades que la IA no puede replicar plenamente, como el pensamiento complejo y las competencias sociales, interpersonales y emocionales. Dado que la IA aún tiene limitaciones, la automatización podría, en paralelo, elevar la demanda de trabajo en áreas creativas, de planificación, toma de decisiones, gestión y cuidados, donde las personas siguen teniendo un desempeño superior al de las máquinas.
Algunas grandes empresas apuestan por preparar a sus colaboradoras para funciones de mayor complejidad y valor estratégico. En lugar de dedicar su tiempo a actividades repetitivas, las trabajadoras son capacitadas para coordinar proyectos, interpretar datos, supervisar herramientas de IA y participar en la toma de decisiones.
Uno de los ejemplos más conocidos es Amazon, que ha invertido más de mil millones de dólares en programas de formación para cientos de miles de empleados. A través de iniciativas como "Career Choice", la empresa financia estudios y certificaciones que permiten migrar hacia áreas de tecnología, análisis de datos, logística avanzada y gestión de sistemas automatizados.
Johanna Pabón, migrante venezolana en Canadá, trabaja en Amazon en el área de operaciones y decidió usar el programa Career Choice para formarse en recursos humanos: "Son opciones disponibles para todos los empleados, completamente gratis y con validez en colegios de muy buen ranking en Norteamérica. Acaban de incorporar la línea de IA, porque muchas de esas labores las harán las máquinas. Ahora me siento con más confianza, sobre todo porque me lesioné y con ese curso tengo otras alternativas dentro o fuera de la empresa".
Un enfoque similar se observa en Accenture, que ha desarrollado programas de alfabetización en IA para toda su plantilla, y en Bancolombia, que impulsa la reconversión de su fuerza laboral mediante formación en analítica de datos y automatización, clave en una región donde las mujeres siguen concentradas en ocupaciones administrativas.
Una realidad que pasa desapercibida
Las mujeres continúan subrepresentadas en sectores tecnológicos y sobrerrepresentadas en ocupaciones susceptibles de automatización. Sin programas de transición diseñados deliberadamente para ellas, las brechas podrían ampliarse.
La transformación también plantea otro reto: cada vez más empresas usan algoritmos para filtrar currículos y evaluar candidaturas, lo que puede reproducir prejuicios existentes en los datos de entrenamiento. Por ello, muchas compañías desarrollan mecanismos de auditoría y mantienen la supervisión humana sobre las decisiones finales. Como señala Pabón: "Digo sí a la robótica, pero la IA debe ser una herramienta para tomar decisiones, no una autoridad que desplace el análisis y la presencia humana".
Lo que realmente importa
La discusión no debería centrarse solo en cuántos empleos podrían desaparecer, sino en qué oportunidades pueden crearse si la transición se gestiona bien. La inversión en capacitación, el acceso equitativo a competencias digitales y la vigilancia de los algoritmos son claves para un mercado laboral más inclusivo. La pregunta central es: ¿están las empresas invirtiendo lo suficiente para que las mujeres se beneficien de la transformación tecnológica en lugar de quedar excluidas de ella?