
La esperada semifinal entre Argentina e Inglaterra comenzó con un ambiente cargado de tensión. Pese a los intentos de jugadores y entrenadores por restarle dramatismo al encuentro, la histórica rivalidad volvió a hacerse sentir desde antes del pitazo inicial, cuando los himnos nacionales fueron recibidos con silbidos y cánticos desde las tribunas.
Al ser local administrativo, Inglaterra escuchó primero el "God Save the King". Sin embargo, la numerosa afición argentina, ampliamente mayoritaria en las gradas, ahogó la interpretación con el tradicional cántico: "Ya lo ves, ya lo ves, el que no salta es un inglés", impidiendo que el himno británico pudiera escucharse con claridad.
La respuesta inglesa no tardó en llegar. Durante la ejecución del himno argentino se escucharon silbidos desde el sector británico, aunque nuevamente la voz de los aficionados albicelestes terminó imponiéndose, en un ambiente que reflejaba la enorme carga emocional que rodea este clásico.
La intensidad se trasladó de inmediato al terreno de juego. Apenas transcurría el primer minuto cuando Leandro Paredes golpeó con el brazo a Jude Bellingham tras desprenderse del balón. Instantes después, Enzo Fernández impactó en la cabeza de Elliot Anderson, acción que desató la primera trifulca del partido.
Los reclamos y empujones no se hicieron esperar. Bellingham y Paredes protagonizaron un nuevo encontronazo mientras sus compañeros intervenían para evitar que la discusión pasara a mayores, dejando en evidencia que la tensión también se viviría dentro del campo.
Así, Argentina e Inglaterra comenzaron a protagonizar una de las rivalidades más intensas del fútbol mundial. A los memorables enfrentamientos entre ambas selecciones se suma el trasfondo histórico y político derivado de la Guerra de las Malvinas de 1982, un contexto que convierte cada cruce entre ambos países en un duelo cargado de simbolismo y emociones.