Editorial

De rodillas

El Estado boliviano está de rodillas ante las petroleras internacionales que hace veinte años trató como si fueran organizaciones criminales a través de la falsa nacionalización...

Editorial | | 2026-07-12 09:12:58

El Estado boliviano está de rodillas ante las petroleras internacionales que hace veinte años trató como si fueran organizaciones criminales a través de la falsa nacionalización decretada por Evo Morales, quien reconoció públicamente que todo fue un show político nada más.

La actual administración de Rodrigo Paz podría argumentar a su favor que no tuvo nada que ver con ese mamarracho, pero los gringos, españoles o brasileños que tienen los dólares en la mano no distinguen nada de eso y simplemente llegan a la conclusión de que Bolivia es un campo minado para los capitales. Además, todos aquí sabemos que lo ocurrido el 1 de mayo de 2006 tuvo toda clase de cómplices, confesos, abiertos y algunos disimulados, y muy pocos tuvieron la valentía de advertir el triste destino que justamente estamos viviendo en este momento.

El problema es que Rodrigo Paz no sólo tendrá que pedir perdón por lo de 2006, pues Bolivia carga con una vieja tradición nacionalizadora, responsable de un círculo vicioso que las petroleras conocen a la perfección. Llamamos a las empresas cuando las cosas van mal y las expulsamos y las tratamos como perros sarnosos cuando las compañías terminan de arreglar las cosas.

En 1993, Gonzalo Sánchez de Lozada también tuvo que doblar rodilla para conmover a las trasnacionales y muy pocas ablandaron el corazón. Justamente lo hicieron algunas que no tenían muy buenas credenciales, pero que estaban dispuestas a asumir riesgos que otras rechazaban. Hoy, con Guyana, Vaca Muerta, Brasil o Estados Unidos ofreciendo mejores condiciones y mayor previsibilidad, es difícil imaginar que las grandes compañías elijan Bolivia por simple compasión con un gobierno arrepentido.

Tal vez el presidente Lula da Silva, quien dijo una vez que Petrobras había invertido en Bolivia por lástima y que le compraba gas sin ninguna necesidad, decida incurrir nuevamente en la aventura de invertir en el país, pero que nadie se sorprenda cuando exponga un "pliego petitorio" que despierte los demonios ideológicos que abundan en territorio boliviano, donde hay quienes parecen dispuestos a comer tierra antes que permitir que una empresa nos mande una tabla de salvación. Así pasó con Goni, al que satanizaron hasta el cansancio, pese a que, gracias a él, los populistas tuvieron de sobra para gastar y derrochar durante 20 años.

Hoy no estamos lejos de extremos como el de Cuba, pues además de la escasez de gasolina, diésel y gas licuado, estamos a un paso del agotamiento del gas natural, lo que nos pone al borde de los apagones, tomando en cuenta que más del 60 por ciento de la generación de electricidad depende de los pozos que están prácticamente secos.

De todas formas, no hay que perder la fe. En Argentina consiguieron revertir una imagen muy parecida a la que tenía Bolivia, y desde que asumió Javier Milei, hace menos de tres años, nuestro vecino vive un boom petrolero nunca visto. Obviamente, el gobierno liberal tuvo que ofrecerles a las petroleras unas condiciones excepcionales y la garantía de que Milei no va a salir con regodeos, no se va a amilanar y ha demostrado ser un hueso duro de roer para los poderosos sindicatos peronistas. Y en eso, lamentablemente, nuestro gobierno está muy lejos.

El problema es que Rodrigo Paz no sólo tendrá que pedir perdón por lo de 2006, pues Bolivia carga con una vieja tradición nacionalizadora, responsable de un círculo vicioso que las petroleras conocen a la perfección.