La UDP representó el noveno infortunio de la historia económica republicana de Bolivia, con siete errores centrales y sus consecuencias:
1. Desdolarización. Por rechazo ideológico al dólar, se decreta la desdolarización, que licúa los ahorros en dólares de decenas de miles de personas, volatilizando su capital de la noche a la mañana. Ante el riesgo de una corrida bancaria, los depositantes retiran sus pesos restantes: se destruye el ahorro y se rompe el eslabón ahorro-préstamo-inversión que mueve la economía. A los ahorristas se les paga a 145 pesos por dólar, un tipo de cambio muy inferior al paralelo, cuyo poder adquisitivo empeora cada día. Pierden los ahorristas, la banca y el país entero.
2. Falta de préstamos. Tras el default mexicano, el sistema financiero internacional deja de prestar a América Latina, y menos aún a Bolivia.
3. Emisión inorgánica de dinero. El Banco Central emite masivamente pesos (luego bolivianos) para financiar empresas públicas deficitarias —Comibol, YPFB— y una planilla estatal creciente, generando un profundo déficit fiscal. La impresión llegó a tal extremo que en junio de 1984 Bolivia debió imprimir en papel común, sin medidas de seguridad, billetes de 500.000 y un millón de bolivianos, que ya no se contaban sino que se pesaban.
4. Indexación salarial. Presionado por la COB, el gobierno indexa automáticamente los salarios a la inflación, generando un círculo vicioso.
5. Espiral inflacionaria. La emisión masiva, las presiones sociales y la indexación llevan la inflación a un pico interanual de 23.000% en septiembre de 1985, con un acumulado anual de 11.749%.
6. Control de precios en pan, azúcar, arroz y carne, que solo desincentiva la producción y la importación.
7. Especulación y mercados negros, ante la falta de dólares y un aparato productivo semidestruido.
A esto se suman las devaluaciones tardías, que alimentaban la inflación futura, y el segundo default de la historia boliviana (mayo de 1984, tras el de 1931), exigido por la COB, que cerró el financiamiento internacional por décadas. Cuando el marxismo fracasa, suele culpar a los gobiernos anteriores; aquí se demuestra que el desastre fue de su propia autoría.
Ante el caos, la UDP recorta su mandato de cuatro a tres años y convoca elecciones, en las que gana Víctor Paz Estenssoro —el mismo que en 1952 había hundido al país en una crisis similar y fue rescatado por Hernán Siles Suazo en 1956—. En 1985 los papeles se invierten: Paz rescata a Siles con el Decreto Supremo 21060 (29 de agosto de 1985), de corte neoliberal: flotación "sucia" del tipo de cambio mediante el Bolsín, eliminación de controles de precios, reducción arancelaria, fin de subsidios (el litro de gasolina sube de $0,04 a $0,30, un 750%), congelamiento salarial público, libre contratación y despido, la Ley 843 de reforma tributaria y la relocalización de 20.000 trabajadores mineros y estatales, muchos de los cuales —Evo Morales entre ellos— emigran al Chapare a cultivar coca, en gran parte destinada al narcotráfico.
A esto se suma el décimo infortunio: el 24 de octubre de 1985 colapsa el precio del estaño (de $6,00 a $2,50 la libra fina) tras la quiebra del Consejo Internacional del Estaño. Dos meses después, en enero de 1986, el "contrachoque petrolero" hace caer el WTI de $26,53 a $10,00 el barril, por la decisión saudita de recuperar cuota de mercado. Esto arrastra el precio del gas boliviano exportado a Argentina, indexado al petróleo, de $4,24 a apenas $1,00–$1,20 por BTU; además, Argentina, en crisis propia, deja de pagar en efectivo y exige un swap de gas por deuda, sin ingreso de divisas frescas para Bolivia.
Babson "82, ex catedrático universitario