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Uruguay y Cuba lideran los precios de gasolina más caros de América Latina en 2026, mientras Venezuela mantiene el más barato

El choque petrolero derivado de la guerra en Medio Oriente elevó en promedio 15% el precio de los combustibles en la región, aunque los subsidios y los esquemas de fijación de precios de cada país determinaron impactos muy desiguales en la inflación

Internacional | Redacción El Día | 2026-07-07 20:11:00

El alza de los precios de la gasolina se convirtió en uno de los principales motores de la inflación energética en América Latina durante la primera mitad de 2026, en medio de las tensiones generadas por el conflicto en Medio Oriente y los riesgos que este representó para el tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz.

Uruguay se ubicó a mitad de año como el país con la gasolina más cara de la región, con un precio de 8,7 dólares por galón de 95 octanos, según datos de GlobalPetrolPrices. Cuba escaló al segundo lugar del listado, con 7,3 dólares por galón, desplazando a otros mercados que tradicionalmente encabezaban esta clasificación.

En el extremo opuesto, Venezuela continuó siendo el país con el combustible más barato de América Latina, con apenas 0,1 dólares por galón, mientras que Ecuador se situó en 3,3 dólares, una diferencia que ilustra la enorme dispersión de precios que existe entre los distintos mercados de la región.

El secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), Andrés Rebolledo Smitmans, explicó que el estallido del conflicto en Medio Oriente elevó en promedio un 15% los precios de la gasolina en América Latina y el Caribe, y que ese incremento se mantuvo prácticamente inalterado incluso después de que se anunciara un cese de hostilidades. El impacto fue todavía mayor en el diésel, cuyo precio subió en promedio 21% en la región.

Según Rebolledo, en las últimas semanas el precio promedio del combustible en la región osciló entre 1,37 y 1,39 dólares por litro, un nivel que se ha mantenido relativamente estable en los últimos meses. El directivo atribuyó el encarecimiento al aumento del precio internacional del petróleo y a las disrupciones en el suministro, aunque aclaró que la magnitud del golpe varió según los mecanismos de subsidios y bandas de precios adoptados por cada país.

El economista sénior del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Jonathan Fortun, señaló que a mitad de año los combustibles de la región ya no siguen de forma automática la trayectoria del petróleo. De acuerdo con el analista, el barril de referencia Brent retrocedió desde cerca de 118 dólares en el primer trimestre hasta unos 72 dólares en julio, pero ese alivio no se trasladó de manera uniforme a los surtidores, ya que factores como impuestos, precios administrados, fondos de estabilización y capacidad fiscal terminaron pesando más que el propio crudo.

Esa divergencia se observa con claridad entre las principales economías de la región. Brasil, impulsado por sus mayores ingresos petroleros, logró amortiguar el impacto mediante instrumentos fiscales y subsidios transitorios, lo que dejó un incremento interanual de apenas 6,3% en el precio de la gasolina. México, por su parte, contuvo el alza en la gasolina regular gracias a estímulos fiscales y acuerdos de precios, que la mantuvieron casi sin cambios frente a un año atrás, mientras la versión premium, sin ese respaldo, subió más de 11% interanual.

El caso de Argentina resultó distinto: pese a contar con una posición energética favorable gracias a Vaca Muerta, el precio de la gasolina medido en pesos por litro aumentó 52,6% interanual, un salto que, según Fortun, responde más a la dinámica nominal propia del país que al comportamiento internacional del crudo.

El impacto de los subsidios también fue destacado por Rebolledo, quien señaló que estas medidas resultaron clave para contener el traslado del alza petrolera a los consumidores, aunque a costa de una fuerte presión sobre las finanzas públicas de varios países de la región. Como resultado, el fuerte incremento de los precios energéticos registrado en marzo no se tradujo en un aumento equivalente de la inflación general, que se ubicó en 0,75%, frente a una inflación energética de 1,42% en ese mes.

El gerente macroeconómico de Investigaciones Económicas de Bancolombia, José Luis Mojica, explicó que el traslado del alza internacional del petróleo a los precios locales depende en gran medida de los esquemas de fijación de cada país. Economías como Colombia, México y Perú cuentan con mecanismos de estabilización que permiten graduar los ajustes internos, aunque a menudo a costa de un mayor gasto fiscal, mientras que Brasil mantiene un esquema más alineado con las cotizaciones internacionales, lo que hace que los cambios en el crudo se reflejen con mayor rapidez en sus precios locales y en su inflación.

De cara a los próximos meses, Mojica anticipó que el mercado petrolero seguirá marcado por una elevada volatilidad debido a la incertidumbre geopolítica en Medio Oriente, en particular por la dificultad de avanzar en negociaciones sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones estadounidenses. El analista proyectó que el crudo podría estabilizarse entre 75 y 90 dólares por barril en los próximos meses, aunque consideró que el desbalance entre oferta y demanda global tardará en corregirse por completo.

Tanto Mojica como Fortun coincidieron en que las mayores presiones inflacionarias derivadas del choque petrolero de este año ya quedaron atrás, por lo que anticipan una moderación gradual en el segundo semestre. Fortun advirtió, sin embargo, que el principal riesgo hacia adelante ya no está en el precio del barril, sino en el estado de las finanzas públicas que absorbieron el impacto inicial y en los precios administrados que aún deberán ajustarse en varios países de la región.