La Resolución Ministerial 245 del 26-06-2026 y, sobre todo, la Resolución de Directorio del BCB Nº 88/2026 de la misma fecha, cambian de manera fundamental, en la buena dirección, nuestro sistema cambiario. El congelamiento del tipo de cambio en noviembre del 2011 fue uno de los errores mayúsculos del gobierno del MAS. Reemplazó al anterior sistema, que no era perfecto, pero que le había servido bien al país y al que el público se había acostumbrado.
Con el congelamiento del tipo de cambio se perdió un instrumento principal de política económica para encarar los shocks exógenos, especialmente los provenientes de las devaluaciones masivas de nuestros principales socios comerciales. La queja permanente de nuestro sector productivo era la competencia del contrabando, inducido en gran parte por el dólar barato, resultante del congelamiento del tipo de cambio. Es bien sabido también que el cambio fijo es muy vulnerable a ataques especulativos.
Cuando las reservas internacionales comenzaron a mermar a un rápido ritmo desde febrero de 2023, el BCB no podía atender las demandas del público y se formaron mercados paralelos, tanto en el país como especialmente, en el extranjero. Se ha de recordar que se originó una brecha sustancial entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio paralelo. El tipo de cambio oficial perdió relevancia para casi todas las transacciones.
En esencia, con la nueva política cambiaria, el tipo de cambio queda determinado por las compras de dólares de sus clientes, que hacen las Entidades de Intermediación Financiera (EIFs) (principalmente, pero no únicamente, bancos). El tipo de cambio oficial del día lo computa el BCB con base en el promedio ponderado (por el monto de la transacción con relación al monto total de las transacciones) de los precios que han pagado las EIFs a sus clientes cuando les han comprado dólares. El BCB publica cada día hábil el tipo de cambio oficial.
Los principales, pero no los únicos clientes vendedores de dólares a las EIFs son los exportadores. Venderán sus dólares porque necesitan bolivianos para pagar salarios, compras locales e impuestos. Las EIFs pueden vender dólares al tipo de cambio oficial, calculado según la metodología que se explica más arriba, más un máximo de 10 centavos.
Con un sistema cambiario flexible se necesita una buena coordinación entre la política monetaria y la política cambiaria. La independencia del BCB es crucial para la credibilidad del actual sistema cambiario.
Se puede tener inicialmente como meta la base monetaria, es decir, billetes y monedas más depósitos de las EIFs en el BCB. Se tienen varios instrumentos monetarios para alcanzar la meta. El control de la base monetaria tiene como prerrequisito, en países como el nuestro, un déficit fiscal bajo.
A medida que la estabilización se consolide, el principal instrumento será la tasa de interés. Son las operaciones llamadas de mercado abierto (OMAs), sea para absorber liquidez o sea para expandirla, las que idealmente deben pautar a las tasas de interés del mercado, especialmente del mercado interbancario (el mercado en el que operan los bancos entre ellos). Para que las OMAs cumplan con su cometido, el BCB tiene que reforzar su capacidad de análisis.
Está muy bien que haya un amplio debate en el público sobre la política cambiaria. Es normal que después de un cambio tan trascendental opinen todos, incluyendo los autonombrados expertos instantáneos en política cambiaria.
La meta principal de la política monetaria tiene que ser la de mantener una inflación baja, lo que a su vez requiere, no un tipo de cambio fijo, sino evitar un descontrol cambiario, lo que no es lo mismo.
Una de las ventajas del tipo de cambio flexible es que no compele al Banco Central a tener una gran cantidad de Reservas Internacionales (RIN).
Para el caso extremo, llamado por los expertos “flotación limpia”, no se necesitarían RIN, pero aun en este caso muchos bancos centrales las mantienen por precaución. Además, las flotaciones limpias son por cortos periodos. Pasado un tiempo, el sistema deriva hacia una flexibilidad cambiaria administrada (“flotación sucia”) en la que el Banco Central interviene en el mercado, vendiendo o comprando dólares. Si es para vender, necesita RIN.