
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantuvo conversaciones telefónicas por separado con los mandatarios de Rusia, Vladímir Putin, y de Ucrania, Volodímir Zelenski, en un intento por reactivar las negociaciones para poner fin a la guerra, a dos días del inicio de la cumbre de la OTAN que se celebrará en Ankara. Sin embargo, los enfrentamientos militares continuaron sin tregua.
La llamada entre Trump y Putin se prolongó durante cerca de 90 minutos. Según el Kremlin, el mandatario estadounidense expresó su disposición a retomar la mediación de Washington, estancada desde febrero, y planteó la posibilidad de que sus enviados especiales regresen a Moscú para continuar las conversaciones.
El asesor presidencial ruso Yuri Ushakov calificó el diálogo como "constructivo" y afirmó que Moscú sigue apostando por una solución política al conflicto, aunque reiteró que Rusia mantiene como condición el control total de la región del Donbass, una exigencia que Ucrania continúa rechazando.
Por su parte, Zelenski describió como "muy buena" su conversación con Trump y aseguró que ambos coincidieron en que existe una posibilidad real de avanzar hacia el fin de la guerra. El presidente ucraniano confirmó además que continuará el diálogo con Washington durante la reunión de la OTAN.
Las gestiones diplomáticas se producen después de varios meses de estancamiento en las negociaciones impulsadas por Estados Unidos, debido a la falta de señales concretas de ambas partes para aceptar un alto el fuego duradero.
Mientras tanto, el panorama militar continúa siendo motivo de disputa. Rusia aseguró haber tomado la estratégica ciudad de Kostiantínivka, en la región de Donetsk, una afirmación desmentida por Kiev, que sostiene que sus fuerzas mantienen el control de la localidad.
El Kremlin también afirmó que sus tropas conquistaron 133 localidades ucranianas en lo que va de 2026. Sin embargo, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), con sede en Estados Unidos, considera que esas cifras están ampliamente sobredimensionadas y sostiene que los avances rusos han sido considerablemente menores.
En paralelo, Ucrania intensificó sus operaciones de largo alcance contra territorio ruso. Durante junio, las fuerzas ucranianas duplicaron los ataques contra objetivos ubicados a más de 50 kilómetros del frente, alcanzando instalaciones militares, depósitos de municiones y rutas logísticas.
La noche del sábado, el Estado Mayor ucraniano informó del ataque contra la base aérea de Gvardéiskoye, en la península de Crimea ocupada por Rusia, considerada una de las principales instalaciones utilizadas para operaciones aéreas y navales rusas.
Las autoridades ucranianas también aseguraron haber destruido puentes utilizados para el traslado de tropas y armamento, además de depósitos de municiones en Donetsk, Lugansk y Jersón. Según Kiev, estas operaciones buscan debilitar la capacidad logística del ejército ruso y reducir su abastecimiento en el frente.
Rusia respondió con una nueva ofensiva aérea. Durante la madrugada lanzó 125 drones de ataque y cuatro misiles contra territorio ucraniano. La Fuerza Aérea de Ucrania informó que logró interceptar la mayoría de los proyectiles, aunque varios drones impactaron distintos objetivos y provocaron daños en varias zonas del país.
Mientras ambas partes mantienen sus operaciones militares y endurecen sus posiciones, la posibilidad de una negociación vuelve a instalarse sobre la mesa gracias a la mediación estadounidense. No obstante, la continuidad de los bombardeos y las diferencias sobre las condiciones para un eventual acuerdo evidencian que el camino hacia la paz sigue siendo incierto.