Hay que reconocerle algo al ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero: tiene cuero. Y no precisamente el de sus zapatos. El expresidente español, ese eterno defensor de las causas progresistas latinoamericanas, ese viajero infatigable de la solidaridad izquierdista, resultó ser un angurriento traficante, bastante más práctico que ideológico. Sus convicciones cotizaban en euros y sólo en Bolivia facturó 200 mil. La mecánica fue sencilla: el Grupo Gloria, conglomerado peruano con problemas judiciales en Bolivia, necesitaba alguien con línea directa al ex presidente Luis Arce. Zapatero tenía exactamente eso. Reuniones, llamadas, WhatsApps coordinados con ministros y jefes de gabinete... todo perfectamente lubricado. La condena de 107 millones de dólares contra su cliente quedó suspendida. Los euros llegaron puntuales. Años de abrazos con gobiernos izquierdistas bolivianos, convertidos en libreta de contactos para uso comercial. Brillante negocio. En España lo llaman tráfico de influencias. En Bolivia a eso se le llama ser "cuerudo".