Javier Aguirre tomó una decisión que hirió el orgullo de Guillermo Ochoa una tarde de junio de 2010. Prefirió a un portero suplente y veterano por encima de él en lo que era su momento para eclosionar en el fútbol global. El Vasco dejó en el banquillo a Ochoa, que se quedó con las ganas de jugar su primera Copa del Mundo. Dieciséis años más tarde, el entrenador se redimió con su portero. El destino futbolero, ese lleno de azar y coincidencias, les hizo juntar sus caminos de nuevo en la selección en este Mundial de 2026. Aguirre le concedió poco más de 13 minutos para que jugara su cuarta Copa del Mundo frente a un Estadio Azteca que se rindió ante él al son de El Rey de Vicente Fernández, el tema de victoria de los mexicanos.
Ochoa dejó de ser titular con la selección mexicana en 2023, en medio de una crisis de la Federación Mexicana de Fútbol que trajo consigo la contratación y el despido de dos seleccionadores, Diego Cocca y Jaime Lozano. Ochoa, que hasta ese momento era el líder moral del equipo, empezó a ser relegado. Se hablaba de una transición y empezaba desde la portería. Pese a eso, Ochoa lanzó un mensaje que fue tomado como amenaza por algunos aficionados: “Quiero llegar al Mundial”. Aguirre tardó en considerarlo, pero en el verano de 2025 le puso una dura prueba: convocarlo para la Copa Oro, pero que se quedara en el banquillo. Ochoa aceptó. Asumió un rol secundario para impulsar a Luis Ángel Malagón, entonces titular. Fueron campeones y el Vasco notó que su capitán podía ser buen suplente.
En todo 2026, Aguirre le confió la portería a Raúl Rangel, que emergió como una muralla confiable. Lo preparó en partidos clave, como en la reinauguración del Estadio Azteca el 28 de marzo frente a Portugal. Aguirre, pese a la presión mediática, dejó en el banquillo a Ochoa, exjugador del Ajaccio de Francia, del Málaga y del Granada en España.
El nombre de Memo Ochoa rondaba en todas las conferencias de prensa de México. Aguirre solo las esquivaba al asegurar que todos sus jugadores eran aptos para jugar. No mintió. Tras la victoria contra Chequia han jugado 25 de los 26 futbolistas convocados, a excepción de Carlos Acevedo, el tercer portero. Ochoa sacrificó parte de sus vacaciones tras jugar en Chipre con el AEL Limassol para sumarse al campamento de más de 36 días con la selección mexicana antes del Mundial. “Me lo tengo que ganar”, repetía. Y se lo ganó.
Aguirre le dio minutos este miércoles en un repleto Estadio Azteca al minuto 77. La escena quedó para la historia porque Ochoa y Rangel se fundieron en un abrazo. El capitán mexicano del partido, Edson Álvarez, corrió a la banda para darle el brazalete a Ochoa. El portero de los rizos perfectos estaba al borde de las lágrimas. Terminó por llorar cuando terminó el partido 3-0 a favor de México frente a Chequia. A Ochoa, como a los aficionados mexicanos en Guadalajara o Ciudad de México en las principales calles, le tocó volar. Sus compañeros lo elevaron por los aires para celebrarlo. Ochoa puede decir que jugó los Mundiales de 2014, 2018, 2022 y 2026, y que fue aprendiz en 2006 de Oswaldo Sánchez y en 2010 de Óscar Pérez. Después de este Mundial, Ochoa jubilará sus guantes porque, como ha dicho, sin la selección no hay fútbol para él.