El vocero presidencial José Luis Gálvez salió a defender la gestión gubernamental tras más de 50 días de bloqueos y movilizaciones que paralizaron el país. Su conclusión: "El Gobierno es fuerte. Lo que es débil es el Estado." Suena profundo hasta que uno lo piensa cinco segundos. Un gobierno no flota separado del Estado: es precisamente el órgano encargado de conducirlo y fortalecerlo. Decir que el capitán es excelente pero el barco se hunde, y lavarse las manos de ello, no es análisis — es escapismo político. Si el Estado acumula debilidades estructurales, la pregunta inevitable es: ¿quién gobernaba mientras tanto? Y cuando el propio Gálvez afirma que el mérito de sobrevivir la crisis "le corresponde a la población boliviana que ha soportado el flagelo", está confesando que el Gobierno no protegió a sus ciudadanos — que es, precisamente, su función básica. Cincuenta días de bloqueos no se resuelven con piruetas retóricas.