Editorial

Vivo o muerto

En el viejo oeste, cuando un forajido era demasiado peligroso para la sociedad, los carteles no decían "captúrelo si puede" ni "espere a que se canse". Decían algo mucho más categórico...

Editorial | | 2026-06-24 07:31:20

En el viejo oeste, cuando un forajido era demasiado peligroso para la sociedad, los carteles no decían "captúrelo si puede" ni "espere a que se canse". Decían algo mucho más categórico: vivo o muerto. No porque la muerte fuera el objetivo, sino porque el peligro era tan real, tan inmediato y tan destructivo que la comunidad no podía permitirse otra prioridad.

Bolivia enfrenta hoy un dilema equivalente. No se trata de matar a nadie. Se trata de elegir entre dos muertes posibles: la captura definitiva y muerte del proyecto político criminal de Evo Morales, o la muerte lenta pero segura de Bolivia como nación viable.

No se puede declarar victoria. Las carreteras despejadas, el cuarto intermedio anunciado por los cocaleros, el repliegue táctico desde el Chapare, todo eso no es una derrota de Evo Morales. Es Evo Morales siendo Evo Morales.

Lleva cuatro décadas observando este manual. Atacar, presionar, asfixiar, y cuando el costo político sube demasiado, replegarse. Reagruparse. Volver más fuerte. Así llegó a convertirse en el hombre más poderoso de Bolivia. Evo tiene más experiencia en el conflicto que cualquier boliviano. Sabe cuándo dar el zarpazo y sabe cuándo fingir que duerme.

Que nadie se confunda sobre cuál es el verdadero proyecto de Evo Morales. No es el socialismo. No es la defensa del campesinado. No es la soberanía nacional. Es la instalación permanente, definitiva e irreversible de una narco-estructura política en el corazón de Bolivia, con el Chapare como capital fáctica y él mismo como poder intocable por encima de cualquier institucionalidad. Una república de la cocaína con bandera tricolor.

Mientras siga libre, cada día que pasa es un día que organiza, que amenaza, que financia, que conspira. Esta semana amenazó con tomar plantas hidroeléctricas. La próxima será algo distinto. Siempre hay una siguiente jugada. Y cada jugada tiene el mismo objetivo: avanzar.

Rodrigo Paz tiene una sola misión que importa: capturar a Evo Morales y extraditarlo a Estados Unidos. Todo lo demás, la economía, el desabastecimiento, la reconstrucción, depende de eso. No hay recuperación económica sostenible con ese factor de desestabilización activo.

El mundo tiene un precedente reciente y luminoso. Venezuela aplaudió cuando Maduro fue capturado. Hoy Venezuela respira. Hace negocios. Recupera su economía. No porque todo esté resuelto, sino porque el principal obstáculo al futuro fue removido.

Bolivia necesita ese momento. Y ese momento tiene nombre, apellido y coordenadas GPS en el Trópico de Cochabamba.

Si Evo Morales cae preso y es extraditado, se enviará la señal más poderosa que este Estado haya enviado en décadas: que nadie está por encima de la ley. Que el crimen organizado disfrazado de política tiene un límite. Que los que hoy aspiran a ser el próximo Evo Morales conocerán el mismo destino.

Vivo o muerto, decían los carteles del viejo oeste. Aquí la metáfora es otra pero igual de urgente: o capturamos a Evo Morales, o él terminará de matar a Bolivia. El tiempo no es neutral. Cada día que pasa, él lo usa mejor que nosotros.

No se trata de matar a nadie. Se trata de elegir entre dos muertes posibles: la captura definitiva y muerte del proyecto político criminal de Evo Morales, o la muerte lenta pero segura de Bolivia como nación viable.