En la gestión pública, muchas
veces se habla de innovación como algo lejano, costoso o reservado para grandes
reformas. Sin embargo, también puede empezar en lo cotidiano: en una fila que
se evita, en un trámite que se ordena o en un reclamo ciudadano que se
convierte en información útil.
Por eso vale la pena destacar y
felicitar iniciativas locales que muestran un camino distinto en Santa Cruz:
usar tecnología e inteligencia artificial para resolver problemas públicos
concretos.
Una de ellas es la implementación
de tickets digitales para pacientes, cuyo piloto fue desarrollado en el
Hospital San Juan de Dios y liderado por Juan de Dios Villarroel, director de
Tecnología e Innovación de la Gobernación. Podría parecer una mejora
administrativa, pero representa algo más profundo: dignificar la atención al
ciudadano.
Una ficha digital no es solo un
número en una pantalla. Puede significar no hacer filas desde la madrugada,
reducir esperas y tener mayor previsibilidad en salud. Además, permite generar
datos valiosos: demanda por especialidad, horarios críticos y cuellos de
botella.
Otra iniciativa que merece
destacarse es el chat de WhatsApp “Bacheo”, con IA, impulsado por el concejal
José Hugo Antelo. Esta herramienta abre una puerta interesante para la gestión
urbana: convertir al ciudadano en parte activa de la solución.
Durante años, los vecinos
reportaron problemas en calles y barrios sin saber si fueron atendidos. Con una
herramienta digital, ese reclamo puede transformarse en información
estructurada: ubicación, fotografía, prioridad y estado de atención. Así se
capturan datos a menor costo y se construyen mapas más precisos.
Lo más valioso no está solo en el
ahorro o la eficiencia. Está en el cambio de lógica: el ciudadano deja de
reclamar desde afuera y pasa a ser un aliado para identificar y priorizar
problemas.
Ahí se encuentran la tecnología y
la participación ciudadana. La IA puede clasificar reportes, detectar
duplicidades y ordenar prioridades. Pero la materia prima sigue siendo humana:
la experiencia de quienes viven la ciudad.
Estas iniciativas dejan una
lección importante: la innovación pública no tiene que empezar perfecta. Tiene
que iniciar, medirse, recibir feedback temprano para mejorar. En la gestión
pública, esa lógica debe fortalecerse.
Sabemos que muchas veces la
tecnología por sí sola no alcanza. No reemplazan presupuesto, responsables
claros, seguimiento y respuesta. Si alguien reporta un bache y nunca recibe
respuesta, la confianza se pierde, entonces existe un reto importante a eso. Son problemas complejos en contextos
difíciles, pero este punta pie inicial se ve que busca construir gestión de una
manera distinta, hay que aplaudirlo y esperar que a estas les vaya bien, porque
la ciudad lo necesita.
Al final, la innovación no se mide por cuán sofisticada suena una herramienta, sino por cuánto mejora la calidad de vida de las personas.