El libro Tan faltos de Aire explora una dimensión poco estudiada de las relaciones internacionales: el vínculo entre Bolivia y Estados Unidos. Sus autores, Gonzalo Mendieta y Rafael Archondo, proponen una idea original: colocar la geografía en el centro de la explicación histórica y diplomática entre ambos países.
La metáfora de la “falta de aire” es tanto simbólica como literal. La Paz, situada a gran altitud, representó para muchos diplomáticos estadounidenses una experiencia física desafiante. Los autores sostienen que esta condición influyó más de lo que suele reconocerse en la percepción que Washington tuvo de Bolivia. Mientras otros estudios habrían tratado la altura como un simple rasgo local, Mendieta y Archondo la convierten en un factor geopolítico relevante.
La experiencia personal de visitar Bolivia llevó a Amy Chua a reflexionar sobre las profundas tensiones sociales del país, derivadas de la coexistencia entre una minoría económicamente dominante y una mayoría indígena empobrecida. Sin embargo, los autores van más allá de estas dinámicas internas y muestran cómo la geografía contribuyó a mantener a Bolivia en la periferia de las prioridades estratégicas estadounidenses.
Los numerosos testimonios de diplomáticos que se quejaban de la altura no son simples anécdotas. Reflejan una distancia más profunda entre Washington y La Paz, muy distinta de la relación que Estados Unidos mantuvo con países como México o Cuba.
Mendieta y Archondo plantean una teoría de tres zonas para explicar la política estadounidense hacia América Latina. México ocupaba una posición prioritaria por su cercanía geográfica. El Caribe y Centroamérica eran objeto de una política más intervencionista debido a la importancia estratégica del Canal de Panamá. Sudamérica, en cambio, era percibida como una región más distante y menos amenazante, lo que permitía enfoques más flexibles.
Esta interpretación ayuda a explicar por qué Estados Unidos actuó de manera tan diferente frente a la Revolución Boliviana de 1952 respecto a otros procesos latinoamericanos. Mientras intervino activamente en Guatemala en 1954, toleró e incluso respaldó medidas revolucionarias bolivianas, incluida la nacionalización de las minas de estaño.
Durante medio siglo, Bolivia se convirtió en el mayor receptor per cápita de ayuda económica y militar estadounidense en América Latina. Gran parte de esa relación estuvo inspirada por el Plan Bohan, concebido para diversificar la economía boliviana e integrar las regiones orientales del país. A pesar de nacionalizaciones y desacuerdos, la relación bilateral logró mantenerse sin rupturas definitivas.
La principal excepción a esta tolerancia estadounidense en Sudamérica fue Chile bajo Salvador Allende. Según esta interpretación, la estrecha vinculación de su gobierno con Cuba hizo imposible que Washington mantuviera la misma distancia estratégica que aplicaba en otros países sudamericanos.
El libro adquiere especial relevancia en el contexto actual, cuando Bolivia y Estados Unidos buscan normalizar sus relaciones diplomáticas. Más que una historia bilateral, Tan faltos de Aire ofrece una herramienta para comprender la política exterior estadounidense desde una perspectiva geográfica e histórica.
Al final, la obra demuestra que la geografía no es un simple escenario donde ocurren los acontecimientos. También puede ser una fuerza capaz de moldear percepciones, decisiones y relaciones internacionales durante casi dos siglos de historia compartida.