Editorial

¿Quién ganó?

Hablan de uno y otro bando con una ligereza pasmosa; e incluso el gobierno saldrá arrogantemente a decir que ganaron ellos, que "ganó el diálogo".

Editorial | | 2026-06-21 09:00:47

Ahora le ha llegado el turno al submundo de los analistas, que se regodean con sus elucubraciones de café intentando descifrar quién ganó y quién perdió. Hablan de uno y otro bando con una ligereza pasmosa; e incluso el gobierno saldrá arrogantemente a decir que ganaron ellos, que "ganó el diálogo".

¿Cómo se puede hablar en este momento de ganadores, perdedores o bandos? Es una falta de respeto al país. El gran y único perdedor es el ciudadano de a pie, la economía y una democracia agonizante. El Estado ha permitido pacientemente que se bloquee a toda una nación durante 50 días, destruyendo el aparato productivo, para luego firmar un documento con la Central Obrera Boliviana (COB) que no es más que una capitulación. ¿Cómo puede el oficialismo colgarse la medalla del diálogo si este solo ha servido para rendirse ante grupos criminales que destrozaron el país?

Los analistas insisten en sus manuales caducos. Discuten si la COB está debilitada, si carece de legitimidad o si Rodrigo Paz tiene representatividad por no haber renunciado.

Qué ceguera institucional. En este preciso momento, la representatividad y la legitimidad no valen absolutamente nada; son conceptos vacíos para un país en ruinas. Quienes de verdad mandan hoy en Bolivia son los criminales. La democracia ha perdido, el Estado de derecho ha colapsado y el sentido común ha sido enterrado bajo toneladas de asfalto cerrado.

Estamos de rodillas. ¿De qué sirve el estado de excepción si, en la práctica, el país entero ha estado exceptuado de sus derechos más elementales? Bolivia entera ha sido prisionera durante casi dos meses de mafias sindicales. Ante ellas se ha arrodillado el gobierno, y ante ellas tendrá que rendir cuentas a partir de ahora, pidiendo permiso para respirar o para mover una mercancía. Mientras tanto, Evo Morales y los cabecillas de la asfixia nacional siguen sueltos, enviando el mensaje de que mañana mismo pueden activar otro bloqueo con total impunidad.

El balance real es devastador. La economía está destruida, no existen perspectivas de recuperación y los avasalladores de tierras han cobrado una fuerza incontrolable ante un gobierno maniatado. Nadie en su sano juicio va a invertir en Bolivia bajo estas reglas del juego. Por eso, la pregunta del submundo analítico sobre "quién ganó" es irrelevante. No ganó la diplomacia ni la política. Ganó la anarquía y la certeza de que un delincuente con capacidad de movilización puede hacer lo que le dé la gana con este país, mientras las instituciones oficiales firman su rendición bajo el falso rótulo de la paz social.

Ganó la anarquía y la certeza de que un delincuente con capacidad de movilización puede hacer lo que le dé la gana con este país, mientras las instituciones oficiales firman su rendición bajo el falso rótulo de la paz social.