El expresidente Evo Morales se presentaba en el país y en el extranjero como el gran defensor de los pobres. Pocos días antes de su posesión, en su visita al rey de España con su chompita a rayas, las bellas almas de El País de Madrid creían leer en ellas “necesidades básicas insatisfechas”.
Ahora en las últimas semanas, son los pobres los que más sufren con los bloqueos y los cercos a las ciudades. Los campesinos también sufren, con sus producciones invendidas pudriéndose y con las pérdidas de su ganado, al no poder contar alimentos balanceados.
Las clases más pudientes se defendieron, mal que bien, de los atropellos. Ellas podían pagar los precios estratosféricos que se cobraban en los mercados por los brutales bloqueos y las trancas para poder traer alimentos, a pie y en escasa cantidad.
Los esmirriados presupuestos de los pobres y la falta de ingresos para las personas que viven del día a día los dejaron sin sustento. El empleo sufrió con el cierre de empresas, grandes y pequeñas.
Los bloqueos son esencialmente antipobre. En un mal cálculo político, Evo Morales y sus seguidores pensaron que haciendo pasar hambre a los pobres, ellos reaccionarían apoyándolos, lo que no sucedió.
En los años 2006-2014 de la presidencia de Evo Morales, todos los astros se habían alineado para que fuera un buen gobierno, pero no fue así.
Contaba con altos precios para las materias primas de los yacimientos que habían explorado y desarrollado las transnacionales, contaba con el perdón de la casi totalidad de la deuda externa, que había sido obtenido por los gobiernos neoliberales, asimismo contaba con el apoyo de la izquierda caviar internacional.
El español José Luis Rodríguez Zapatero, el mexicano Andrés Manuel López Obrador, el argentino Alberto Fernández, varias ONG europeas y aún estadounidenses, los medios de prensa, como el dirigido por la americana prococaleros Katherine Ledebur, además del canadiense Denis Racicot, experto en hacer nada, y un burócrata brasileño de la CIDH de la OEA, cuyo nombre no recuerdo ni quiero recordar, se deshacían en alabanzas a Morales.
Nunca se dieron cuenta del mal gobierno que tuvieron Evo y su sucesor, Luis Arce Catacora, designado por dedazo. Si son honestos deberían estar comiéndose sus sombreros.
La Central Obrera Boliviana, que encontró un nuevo amor en el campesinado, con el que antes tenía a distancia, sacó un pliego petitorio, que lo único que mostraba era el extremo conservadurismo de la dirigencia sindical. En el pliego se oponían a todas las reformas necesarias para enderezar la economía, que la habían dejado tan maltrecha los dos gobiernos del MAS.
Además, alguna dirigencia sindical obesa se mostró susceptible con perder sus privilegios, a pesar de que no había amenaza alguna de parte del tímido gobierno de Paz Pereyra.
En la Argentina los conocían como ñoquis a los dirigentes sindicales que aparecían en su fuente de trabajo solamente para cobrar su sueldo el último día del mes. Ahora ni siquiera aparecen a fin de mes, porque se les deposita el sueldo en su cuenta bancaria. La ventaja de ser dirigente sindical es que se les deja tiempo para atender otros menesteres, con el sueldo o salario asegurado.
Por su parte, algunos Túpac Katari son mejores músicos de rap que políticos de una nación que quiere modernizarse. Su ventaja comparativa está en sus raps. Julián Apaza (el histórico Túpac Katari) merece ciertamente nuestro homenaje por su liderazgo contra lo que él consideraba correctamente, los abusos del invasor, pero no ganó la batalla del cerco a La Paz del siglo XVIII.
Sus oponentes tenían superioridad en términos de organización y de armamento, y resiliencia, entre 10.000 y 20.000 muertos, según fuentes coloniales mencionadas por la aplicación Copilot de Inteligencia Artificial.
Evo Morales estaría mejor ocupándose de sus tambaquis, de sus plátanos y aún de su coca, que promoviendo insurrecciones, que lo único que hacen es dejar una profunda herida a la economía del país y, especialmente, a la de los más pobres. El país ganaría mucho si Evo continúa, pero de callado, su confinamiento en El Chapare.