«Por sus frutos los reconocerán» (Mt 7,16).
De 2023 a 2024, la Diócesis de San Ignacio de Velasco fue investigada de oficio por una supuesta “legitimación de ganancias ilícitas”, como estrategia de venganza impulsada desde el municipio de San Miguel de Velasco. No pudieron encontrar indicio alguno de delito. La denuncia fue absurda y corrupta desde el principio, pero típica cuando quienes ejercen el poder carecen de cualquier freno ético o moral. Fuimos obligados a gastar en la defensa legal los escasos recursos que deberían utilizarse para la misión de la Iglesia.
Esta figura penal fue una de las formas favoritas de persecución utilizadas por el gobierno masista contra sus enemigos políticos, al igual que las falsas acusaciones de terrorismo y golpe de Estado. Algunos enfrentaron más de cien procesos legales y murieron bajo detención preventiva, cuya finalidad era impedir la justicia y la democracia en Bolivia.
Si la organización criminal que actualmente promueve los bloqueos logra recuperar el poder, seguramente iniciará de inmediato una nueva ronda de detenciones y juicios con la misma estrategia. En el fondo, quieren legitimar un narcogobierno, como cada vez resulta más evidente. Es de suma importancia que esto no suceda. Tampoco debemos escuchar sus propias denuncias de persecución política.
Al insistir en dialogar con quienes han protagonizado un mes y medio de bloqueos, ¿acaso no se incurre en una forma de legitimación de ganancias ilícitas?
No me refiero al dinero que proviene de la coca transformada en cocaína, ni tampoco a las coimas, subvenciones y otras formas de enriquecimiento criminal del aparato.
No debemos legitimar mediante el diálogo lo que esencialmente sería un verdadero golpe de Estado protagonizado no por “las bases”, “los obreros” o “los indígenas”, salvo en la medida en que han sido engañados y manipulados.
«Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos» (Mt 7,15-17).
Veinte años de masismo nos han dejado como fruto una nación en quiebra económica, en quiebra social y en quiebra moral.
Ha promulgado una gran cantidad de leyes contra toda clase de discriminación, racismo y violencia, pero no han disminuido los índices de violencia, feminicidio, infanticidio, violación ni narcotráfico, porque todo esto formó parte de su piel de oveja y de un discurso cargado de odio, resentimiento ideológico y racismo.
Uno se pregunta si, en vez de diálogo, no hace falta un exorcismo. En el desierto, Jesús parece dialogar con el diablo, pero en realidad se trata de un proceso de discernimiento para optar por la voluntad del Padre celestial y no caer en la tentación. Durante su ministerio, ordenaba a los espíritus malignos que se callaran y los expulsaba. La única negociación fue el envío de la legión de demonios a la piara de cerdos, pero lo hizo para devolver al endemoniado a su sano juicio (ver Mc 5,1-20; Lc 8,26-39; Mt 8,28-34).
Así, convendría investigar de oficio, como una especie de exorcismo, a la COB y a otras supuestas organizaciones de base por legitimación de ganancias ilícitas. ¿De dónde proviene el dinero sucio con el que han financiado los daños cometidos contra el pueblo entero?
Para dialogar y negociar con los grupos que actualmente están destruyendo el país, primero hay que liberarlos de quienes los controlan. Quizás así sea posible hacerlos volver a su sano juicio. Pero no conviene legitimar ganancias ilícitas ni con ellos ni con quienes los mantienen endemoniados.
Padre nuestro, líbranos del mal.
Dios te bendiga.