Bolivia nació como República en uno de los momentos más desfavorables de la economía mundial. El llamado Pánico de 1825 coincidió con la crisis de la minería de la plata, agravada por la inundación de minas durante las guerras de independencia y por la abolición de la Mita en 1821, lo que eliminó la mano de obra obligatoria. Ante la falta de inversiones y recursos, el nuevo Estado dependió de los impuestos sobre las tierras indígenas para sostener gran parte de su presupuesto.
A partir de 1855 comenzó una lenta recuperación gracias a capitales nacionales y regionales, tecnología alemana y nuevos emprendimientos mineros como Huanchaca, impulsados por Aramayo, Arce y Pacheco. Sin embargo, en 1873 se produjo el segundo gran infortunio: la Larga Depresión Mundial. El precio de la plata cayó de 1,30 a 0,60 dólares por onza debido a tres factores internacionales: la adopción del patrón oro por Estados Unidos mediante la Coinage Act, el abandono del bimetalismo por Alemania y el descubrimiento del gigantesco yacimiento de Comstock Lode en Nevada.
La combinación de menor demanda y mayor oferta provocó una profunda crisis económica en Bolivia: caída de ingresos fiscales, inflación, escasez de importaciones y quiebra de pequeños mineros. La concentración de la producción en pocas empresas y la creciente dependencia de capitales chilenos desembocaron en el tercer infortunio nacional: la Guerra del Pacífico (1879-1884).
Aunque en 1872 se liberalizó la comercialización de la plata y en 1873 se eliminó la depreciada “moneda feble”, el deterioro fiscal continuó. Buscando recursos, el gobierno de Hilarión Daza impuso un impuesto al salitre explotado por empresas chilenas, medida que Chile consideró contraria al Tratado de Límites de 1874. El conflicto derivó en la guerra, que significó la pérdida del litoral boliviano y de importantes territorios ricos en guano y salitre.
No obstante, durante esos años surgieron dos nuevas fuentes de riqueza: la goma y el estaño. La demanda mundial de caucho creció gracias a la vulcanización y al desarrollo de la industria automotriz. Regiones como Beni, Pando y Acre experimentaron un auge económico impulsado por empresarios como Nicolás Suárez y Santos Mercado. Sin embargo, este ciclo terminó abruptamente cuando los británicos desarrollaron plantaciones más eficientes en Asia tras el traslado de semillas amazónicas realizado por Henry Wickham. El colapso de la goma en 1912 constituye el cuarto infortunio económico del país.
Paralelamente, el estaño se convirtió en el principal motor de la economía nacional. La expansión de la industria de alimentos enlatados, el crecimiento ferroviario y la industrialización mundial dispararon la demanda. Bolivia pasó de producir 300 toneladas anuales a 9.000 en 1900. Para 1910, el estaño representaba cerca del 60 % de las exportaciones nacionales, consolidando el poder de los llamados Barones del Estaño: Patiño, Aramayo y Hochschild.
Sin embargo, la dependencia de un solo producto volvió a pasar factura. La Gran Depresión de 1929 provocó el desplome del precio del estaño, reduciendo drásticamente los ingresos fiscales y las divisas. Numerosas minas cerraron y el desempleo se extendió por Oruro y Potosí. En 1931 Bolivia declaró por primera vez la cesación de pagos de su deuda externa.
Ese mismo año, Simón Patiño promovió la creación del Comité Internacional del Estaño para restringir la producción mundial y estabilizar los precios. Pero casi de inmediato sobrevino el sexto gran infortunio: la Guerra del Chaco (1932-1935). Con el Estado en crisis y sin acceso al crédito internacional, el gobierno de Daniel Salamanca confiscó parte de las divisas de exportación y recurrió a la emisión monetaria para financiar el esfuerzo bélico.
La consecuencia fue una fuerte devaluación, inflación y deterioro del nivel de vida de la población. Una vez más, Bolivia enfrentaba una combinación de crisis externa, dependencia de materias primas, déficit fiscal y emisión descontrolada de dinero. ¿Suena conocido?
• Babson ’82, ex catedrático universitario.