
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este martes desde la cumbre del G-7, que se celebra en Évian-les-Bains, Francia, mensajes de presión dirigidos tanto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como al presidente ruso, Vladímir Putin, en medio de dos de los principales conflictos internacionales de la actualidad.
En relación con Oriente Medio, Trump instó a Netanyahu a actuar con mayor responsabilidad respecto a Líbano y expresó críticas por los recientes ataques israelíes contra sectores del sur de Beirut. El mandatario estadounidense insistió en la necesidad de evitar acciones que puedan comprometer el acuerdo que Washington negocia con Irán.
Durante una reunión bilateral con el emir de Qatar, Tamim bin Hamad al Thani, Trump sorprendió además al sugerir que Siria podría asumir un papel más activo frente a Hezbolá, la organización armada libanesa enfrentada a Israel desde hace años.
“Si Israel es incapaz de cumplir esa misión sin causar más daños, Siria podría encargarse”, afirmó Trump, en una declaración que fue interpretada por analistas como una señal de descontento hacia la estrategia del gobierno israelí en la región.
La referencia a Siria resulta especialmente significativa tras la caída del régimen de Bashar al Asad y la llegada al poder de Ahmed al Shara, un antiguo dirigente de una milicia yihadista suní. Aunque no está claro cómo podría materializarse una eventual intervención siria en Líbano, la sola mención representa un mensaje político incómodo para Netanyahu.
La situación en el Golfo Pérsico ocupó un lugar central en la agenda de la cumbre. Los líderes del G-7 sostuvieron una sesión especial junto a representantes de Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Qatar para analizar el avance de las negociaciones con Irán y las perspectivas de estabilidad regional.
Trump se mostró optimista sobre la posibilidad de concretar un acuerdo con Teherán y aseguró que las autoridades iraníes mantienen la voluntad de concluir las conversaciones. Según indicó, la firma del pacto podría producirse este viernes en Suiza.
Antes de ese encuentro, los líderes del G-7 recibieron al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien participó en una serie de reuniones destinadas a reforzar el respaldo occidental frente a la invasión rusa.
Fuentes diplomáticas señalaron que existió consenso entre los países miembros sobre la necesidad de incrementar la presión sobre Moscú y fortalecer la asistencia militar a Ucrania, especialmente mediante sistemas de defensa antiaérea. Zelenski afirmó que Trump respondió de manera positiva a sus solicitudes de apoyo adicional.
El canciller alemán, Friedrich Merz, destacó una actitud más colaborativa del mandatario estadounidense respecto a posibles medidas contra Rusia. Trump, por su parte, insistió en que Moscú debe avanzar hacia un acuerdo que permita poner fin al conflicto. “Rusia debería cerrar un pacto”, declaró.
Más tarde, el presidente estadounidense dejó abierta la posibilidad de restablecer sanciones energéticas que habían sido suspendidas temporalmente debido a las tensiones en los mercados provocadas por la crisis con Irán. Según explicó, la caída reciente de los precios del petróleo facilitaría la adopción de nuevas medidas económicas.
La cumbre también incluyó reuniones con los líderes de India, Brasil, Corea del Sur y Kenia, reflejando el interés del G-7 por ampliar su diálogo con potencias emergentes en un contexto de creciente competencia geopolítica. Los organizadores esperan concluir el encuentro con varias declaraciones conjuntas sectoriales, aunque, por segundo año consecutivo, no se emitirá un comunicado final unificado debido a las diferencias existentes entre algunos de los países participantes.