Los bloqueos terminarán tarde o temprano. Y cuando eso ocurra, comenzará la verdadera prueba para el gobierno. Durante más de cuarenta días, el país permaneció atrapado en una crisis sin rumbo claro, con medidas de presión que carecían de demandas concretas y con un Gobierno que optó por la contemplación antes que por la acción. Por eso, el día después puede resultar más difícil que los propios bloqueos. Mientras las carreteras estuvieron cerradas, la atención pública se concentró en el conflicto. Pero una vez despejados los caminos, volverán las preguntas de fondo: ¿qué hacer con la economía?, ¿cómo atraer inversiones?, ¿qué reformas estructurales son necesarias?, ¿cómo recuperar la confianza y el crecimiento? Las protestas podrán desaparecer, pero los problemas seguirán ahí, intactos. Y ya no habrá bloqueos que distraigan la atención ni excusas para postergar decisiones. Gobernar consiste precisamente en tomar decisiones, incluso cuando son incómodas. El verdadero desafío no será sobrevivir a los bloqueos. Será enfrentar el día después, cuando llegue la hora de actuar.