Dios te bendiga

Diálogo y estupidez

Diálogo y estupidez
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-06-12 01:32:32

“Como el perro vuelve sobre su vómito, así el insensato reincide en su necedad” (Proverbios 26,11).

Por un comentario de paso en otro artículo de opinión decidí investigar la ciencia de la estupidez. Si bien todos están investigando la inteligencia artificial, también existe la estupidez natural. De entrada, mis hermanos obispos y otros me aconsejan evitar el uso de esta palabra en Bolivia, porque resulta muy fuerte; tachar a alguien de “estúpido” es un gran insulto. Es bastante insultante en mi tierra natal también. Jesucristo mismo dijo que quien llame “estúpido” a su hermano merece una condena (Mt 5,22).

Sin embargo, la misma Biblia dice: “El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción”. Y también: “¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos!” (Salmo 1,1). Como cristianos, preferimos condenar el pecado y no al pecador; más bien, queremos su conversión. Asimismo, nos damos cuenta de que todos somos pecadores de pensamiento, palabra, obra y omisión, pero santos por el bautismo. Hay esperanza para todos.

Un economista, Carlo María Cipolla, escribió en 1976 un ensayo sobre el tema de la estupidez, formulando cinco leyes. No las voy a explicar aquí, pero resulta instructiva su definición: una persona estúpida es aquella que actúa en perjuicio de los demás y de sí misma.

Él presenta en su esquema otros tres tipos. Una persona inteligente actúa en beneficio propio y de los demás. A quien ni se beneficia ni se perjudica a sí mismo ni a los demás, lo considera indefenso. Y a quienes se benefician a sí mismos perjudicando a los demás los llama bandidos. Elabora una especie de gráfico para representar estas posibilidades y observa que cierta parte de la población se encuentra en cada categoría.

INDEFENSOS, INTELIGENTES, ESTÚPIDOS, BANDIDOS

De los cuatro grupos, Cipolla considera a las personas “estúpidas” las más peligrosas, porque su actuar es impredecible y no beneficia a nadie.

Quizás, para no insultar a nadie, como sugiere el Señor Jesucristo, podemos reconocer que, a veces, todos actuamos dentro de cada una de estas categorías. La virtud consiste en acostumbrarnos a actuar habitualmente de manera inteligente, en beneficio propio y ajeno.

Si analizamos ciertas realidades a partir de este esquema, podemos calificar las estrategias —en lugar de las personas— según las cuatro categorías.

Por ejemplo, hace pocos días un pasajero de Frontier Airlines intentó abrir la puerta de emergencia en pleno vuelo. Si lo hubiera logrado, podría haber causado la muerte de sí mismo y de todos los demás pasajeros. Su actuar fue, por definición, estúpido, porque no podía producir ningún beneficio ni para sí mismo ni para los demás; todo lo contrario. Un exluchador profesional de artes marciales mixtas inmovilizó al agresor, quizá salvando su propia vida y la de todos los que estaban en el avión, incluido el agresor; su actuar fue inteligente. La mayoría de los pasajeros permaneció pasiva e indefensa. En este caso no hubo bandidos.

Aplicando este esquema a nuestro Señor Jesucristo, vemos que fue crucificado, pero, según creemos, Dios lo resucitó y ahora es Juez de vivos y muertos. Quienes estamos aliados con Él podemos participar de su salvación y de su sabiduría. En cambio, quienes se alejan de Él dan vueltas inútiles con sus vidas, perjudicándose a sí mismos y a los demás. Jesús fue sabio e inteligente. Explicó su actuar con pocas palabras: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y tendrán todo lo demás por añadidura” (Mt 6,33).

Ahora apliquemos el esquema de Cipolla a lo que sucede actualmente en Bolivia con los bloqueos de caminos, que han producido enormes pérdidas económicas para el país, además de hermanos muertos. ¿Qué han logrado los bloqueadores para sí mismos, aparte de la ira de la gran mayoría de la población boliviana? Juzguen ustedes. ¿Es su actuar inteligente, indefenso, bandido o estúpido?

Difícilmente cae en las primeras dos categorías. Aunque logren sus objetivos, no habrá ningún beneficio para Bolivia, ni en el Oriente ni en el Occidente, y mucho menos para ellos mismos. Quizá creen evitar un mal mayor, como cuando alguien es chantajeado o amenazado por otros.

Si caen en la categoría de bandidos, como es el caso de los avasalladores en el Oriente, el carácter criminal de su actuar está muy claro. Por consiguiente, no conviene dialogar ni negociar con ellos, porque sería premiarlos por perjudicar a todo el país. Cuando uno está frente a un ladrón armado, quizá le entrega la billetera, porque vale menos que su vida. Pero ¿conviene actuar así con avasalladores, sediciosos, traidores y criminales? ¿Es una respuesta inteligente, indefensa o estúpida? No hay que dialogar con el crimen organizado; hay que combatirlo y vencerlo.

Si ellos caen en la categoría de un actuar estúpido, es decir, si los bloqueos los perjudican a ellos mismos y a todos los demás, entonces ¿es realmente posible dialogar? El diálogo consiste en apelar a la inteligencia para que ganemos todos. Si ellos mismos rechazan el diálogo, como ocurre en la actualidad, demuestran una falta de inteligencia. No hay buena voluntad. No les interesa el bien común. Solo quieren imponerse. Equivale a abrir la puerta de un avión en pleno vuelo. Hay que intervenir para someterlos antes de que el avión se estrelle o, en el caso actual, antes de destruir la patria.

Aunque todos mis hermanos obispos y otros siguen insistiendo en el diálogo, primero hay que motivar a los bloqueadores para que comprendan que dialogar responde a su propio interés. Pero si insisten en una estrategia estúpida para imponer su nefasta demanda, no podemos permanecer pasivos e indefensos.

El bloque bloqueador sufre una especie de bloqueo cerebral. Piensan que pueden incomodar a la nación y al gobierno hasta prevalecer. ¿Cómo hacerles entender que su estrategia realmente es estúpida y que no puede prosperar? Quizá no les importa. Así ocurre cuando existe una total falta de inteligencia. Qué pena que no opten por un diálogo inteligente en beneficio de todos.

Frente a semejante estupidez, hay que actuar con inteligencia en beneficio propio y de los demás. Para ello es necesario utilizar todas las herramientas disponibles. Creo que ayudaría mucho si el líder máximo de quienes no quieren dialogar fuera arrestado y deportado para acompañar a Nicolás Maduro en una prisión de los Estados Unidos.

“El Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados —es decir, de los estúpidos— termina mal” (Salmo 1,6).

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista