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Cuatro hombres volarán en la misión Artemis 3, el ensayo previo al aterrizaje en la Luna

Tres estadounidenses y un italiano volarán al espacio en una etapa para la que inicialmente se había considerado incluir a una mujer

Los cuatro astronautas seleccionados para la misión Artemis 3. Foto: NASA
Internacional | El País | 2026-06-09 16:43:16

La NASA ha revelado los nombres de los astronautas de su siguiente misión lunar, la Artemis 3, prevista para 2027. Tres estadounidenses —el comandante Randy Bresnik y los dos especialistas de misión, Frank Rubio y André Douglas— y un italiano —el piloto italiano Luca Parmitano— son los elegidos. Los cuatro son hombres, a diferencia de la tripulación de la Artemis 2, en la que Christina Koch se convirtió en la primera mujer en viajar a la Luna, batió múltiples récords y fue una pieza clave tanto en las operaciones de la misión como en el carisma y la emoción que los cuatro tripulantes transmitieron al mundo entero.

Y serán los únicos tripulantes espaciales de este programa cuyo destino no será viajar hacia la Luna. Su papel, en cambio, será crucial para el éxito del primer alunizaje humano en el siglo XXI: ejecutarán, girando alrededor de la Tierra, la crítica tarea de acoplar la nave Orion con los aterrizadores lunares que están desarrollando las empresas privadas Blue Origin y SpaceX, propiedad de los magnates tecnológicos Jeff Bezos y Elon Musk.

En el primer plan que se había planteado para la Artemis 3, que incluía posarse en la Luna, la agencia espacial estadounidense contaba con que habría una mujer en la tripulación, para que al fin una mujer formara parte de ese selecto club. Tras alcanzar la presidencia Donald Trump por segunda vez, la NASA borró de su web esta idea, aunque posteriormente ha cambiado el tipo de vuelo de esta misión.

Tras el éxito de la Artemis 2, que rodeó la Luna el pasado mes de abril y convirtió a sus tripulantes en los humanos que más lejos han estado de la Tierra, la misión Artemis 3 apenas se alejará unos cientos de kilómetros de la superficie terrestre. Y es que la NASA ha escogido la órbita terrestre baja como el entorno ideal para probar el acoplamiento con uno o dos de los aterrizadores que ha seleccionado: la Blue Moon de Bezos o la Ship de Elon Musk. Es, por tanto, el vuelo espacial equivalente a la misión Apolo 9, que en 1969 estrenó la diminuta astronave —llamada módulo de mando y servicio— con la que Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron, apenas cuatro meses después, en las primeras personas en descender a la superficie de la Luna y pisarla, durante la misión Apolo 11.

Transcurrido más de medio siglo, la nueva carrera a la Luna va mucho más lenta, es mucho más compleja y los plazos prometidos son mucho más inciertos. Si la misión Artemis 3 transcurre con éxito en 2027, como pretende la agencia espacial estadounidense, su siguiente paso será intentar el aterrizaje lunar en las misiones Artemis 4 y Artemis 5, previstas ambas para 2028. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en 1969, la NASA ya no depende de sí misma y no puede lanzar una misión a la Luna cada dos meses: mientras Apolo 9 fue en marzo, Apolo 10 en mayo y Apolo 11 en julio de ese mismo año, entre Artemis 1 y Artemis 2 han transcurrido tres años y cinco meses.

El administrador de la agencia espacial de EE UU, Jared Isaacman, se ha propuesto aumentar mucho ese ritmo y, tras la Artemis 2 de 2026, lanzar otra misión tripulada en 2027 y dos más en 2028. Pero solo podrá hacer realidad esa promesa si Elon Musk o Jeff Bezos cumplen con su compromiso de que sus naves —Starship o Blue Moon— estén listas para llegar a la Luna y hayan demostrado, en pruebas previas, su capacidad para albergar astronautas y mantenerlos vivos.

Y lo cierto es que, hoy por hoy, ninguna de esas naves está lista. Es más, ni Musk ni Bezos pueden hacer más pruebas con los supercohetes necesarios para llevar esas naves al espacio. La Administración Federal de Aviación (FAA) de EE UU se lo ha prohibido a sus empresas espaciales, SpaceX y Blue Origin, mientras mantiene abiertas investigaciones para aclarar y solucionar las causas de los incidentes ocurridos en sus últimas pruebas, el pasado mes de mayo.

Primero, en su estreno, la tercera generación del cohete Starship se estrelló en el mar durante su descenso a la Tierra; y luego, el cohete New Glenn explotó durante una prueba de encendido de motores en su rampa de lanzamiento, en la que provocó destrozos que la inhabilitan. Ahora mismo, si la FAA levanta la prohibición de volar al New Glenn de Blue Origin, la empresa espacial de Bezos no tiene ninguna otra rampa construida para lanzarlo, y los expertos del sector consideran que tardará entre 12 y 18 meses en arreglar la actual o construir una nueva.