Tribuna

El MAS destruyó la República

El MAS destruyó la República
Mauricio Ochoa Urioste - Abogado | Abogado
| 2026-06-08 07:10:30

Bolivia quizás nunca volverá a ser el país de antes, donde indígenas y no indígenas convivíamos en relativa calma y, no pocas veces, en fraternidad y con un horizonte común. Borrachos y atolondrados, los masistas de ayer y los de hoy destilan un odio y un racismo viscerales con el único afán de retomar el poder político. Pese a ello, aún tengo esperanzas de que todo cambie.

Cuando fui niño y me crié en la zona de Miraflores, en La Paz, recuerdo que tuve muchos amigos indígenas en la zona de las Alasitas, muy cercana a mi hogar. Jugué al fútbol, al futbolín y a muchas otras cosas con gente de toda clase y etnia. Tuve amigos aymaras, quechuas, mestizos, blancos, extranjeros, etc. Siendo niño, joven y luego adulto, estos temas étnicos nunca cobraron relevancia entre mis amistades porque, en nuestra ingenuidad, quizás intuíamos que todos provenimos del mismo tronco. Y esto es científicamente irrefutable: todos descendemos, ciertamente, de los primeros homínidos que habitaron África. Incluso la Iglesia Católica Romana no se opone a ello.

Pese a estas circunstancias, es cierto que siempre hubo gente malintencionada en todos los bandos. Recuerdo, por ejemplo, que cuando era niño me robaron mi pelota en la calle —lo recuerdo casi como un trauma— y que un muchacho asiático, mucho más alto que yo, me desafió a los puñetes.

El país de hoy es distinto. No solamente porque, en mi caso, esté lejos —hace dieciséis años que vivo fuera de Bolivia—, sino porque se ha llegado a un punto de racismo exacerbado por grupos de facinerosos y malvivientes que debe ser cortado de raíz, y cuyo sustento consiste en vituperar, infamar, coaccionar y ejecutar acciones violentas, incluso contra ciudades enteras.

El Gobierno tiene un deber insoslayable: poner freno de manera inmediata a toda acción racista o discurso de odio.

Cuando critiqué hondamente la Constitución boliviana de 2009, lo hice consciente de que un grupo hegemónico asumía el mando de la nación valiéndose de artificios absurdos y de una simbología ajena a la que conocimos desde la infancia. Mis primeros recuerdos de la crispada política boliviana, sin embargo, datan de 1985, cuando Paz Estenssoro asumió la Presidencia. Los mineros protestaron por la nueva política económica implementada, pero años más tarde el país alcanzó una estabilización macroeconómica y una relativa paz social.

No imagino lo que habrán vivido mis coterráneos de La Paz durante tantos años de zozobra en mi ausencia y, especialmente, en estos últimos treinta días. Una pesadilla es poco. Un infierno, quizás.

Todo lo anterior me lleva a replantear el problema de raíz: la falta de educación en valores cívicos y republicanos es uno de los principales obstáculos para enderezar el rumbo. Pero también hace falta voluntad política para dar a conocer de qué manera se quebró nuestra República, se deterioró la convivencia social y quiénes fueron los responsables de ese descalabro de corte fascista y, en otros casos, estalinista.

En otras palabras, no basta con hablar del autoritarismo del MAS. Es necesario incorporar a la memoria histórica de la nación boliviana quiénes ejecutaron tales acciones autoritarias, cómo se implementó ese modelo y, finalmente, reparar el daño ocasionado.

*El autor es abogado.

Mauricio Ochoa Urioste - Abogado | Abogado