La Asamblea Legislativa fue el escenario del reencuentro entre el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara y esta imagen proyecta (por sí sola) una pequeña luz al final de túnel. El auspiciador del encuentro fue Lara, confeso opositor al gobierno. El vicepresidente, desde que ha guardado el Tik Tok, se ha mostrado diferente, preocupado por los conflictos y ha puesto en evidencia que puede ser un puente interesante entre los movimientos rebeldes y el gobierno nacional. Lara tiene todo el derecho de reivindicarse y hacer un trabajo político extraordinario no solo en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales sino también debería encargarse de diseñar una reforma estructural del Estado boliviano y sus instituciones fundamentales.
La reunión, al más alto nivel político, con dirigentes campesinos del departamento de La Paz, buscaba soluciones a la crisis política y social que asfixia a buena parte de la población boliviana. El encuentro fue auspicioso y todo hacía suponer que había puntos de coincidencias y buen ánimo para liquidar este entuerto que ya ha cobrado varias vidas humanas.
La Asamblea Legislativa había comenzado el tratamiento de la Ley, que regula el estado de excepción. Y tiene la potestad de aprobar, modificar, y hacer los ajustes que considere necesarios para la implantación de las medidas extraordinarias. El mensaje político de Rodrigo Paz ha sido claro y contundente: se levantan las medidas de presión o se aprueba la ley y se impone el estado de excepción.
A propósito del reencuentro presidencial, la palabra Parlamento deriva de parlar, conversar, dialogar, debatir, buscar acuerdos. Este conflicto siempre debió ser tratado, debatido y agotado en la Asamblea Legislativa. El legislativo representa al pueblo, y aglutina a las fuerzas políticas. Pero como el pueblo no puede ejercer directamente la soberanía que ostenta, tiene que delegarla a sus representantes, a los partidos políticos y a las agrupaciones ciudadanas. Y como en la actualidad la actividad parlamentaria se canaliza a través de estos grupos, existe un doble mandato: el de sus electores y el del partido en cuyas listas se presentan como candidatos.
Los partidos políticos, como intermediarios entre los poderes del Estado y el pueblo, deben ser también los grandes protagonistas en la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales Es verdad que las motivaciones del elector que impulsan a votar son complejas, pero lo que parece primar en la mayoría de los casos es la confianza en el partido, y los candidatos que compiten por conquistar el poder político.
El parlamentario así ejerce un mandato político, que no es homologable con el de la representación que conocemos en el derecho privado. En la representación (política), ejercen un poder propio que les compete en exclusiva. No hay delegación o transmisión de voluntades, porque no hay, en rigor, una voluntad del pueblo previamente manifestada. En el derecho privado, el representado ordena al representante un comportamiento acorde con las instrucciones precisas que le da y se reserva el poder de revocar al representante en cualquier momento si incumple esas directrices.
Es cierto que la Asamblea Legislativa está fraccionada y no tiene un liderazgo claro y definido. Los representantes nacionales, con honrosas excepciones, han estado ausentes de la crisis política y social. En este sentido, la convocatoria y realización del encuentro al más alto nivel, constituye una señal potente de coordinación que tiene que existir entre ambos Órganos del Estado. El natural acercamiento debe facilitar el tratamiento del paquete de leyes que anunció el presidente Rodrigo Paz. Los partidos y agrupaciones ciudadanas tienen que promover y defender las demandas de sus electores y buscar los acuerdos que sean necesarios para conseguir las reivindicaciones ciudadanas.
El poder legislativo tiene que convertirse en el garante del Estado Constitucional de Derecho y del sistema democrático. Tiene que recuperar el tiempo perdido y buscar, por todos los medios a su alcance, incluyendo la sanción de la Ley del estado de excepción, cómo solucionar la crisis política y social, antes que sea demasiado tarde. En la actual coyuntura tiene que dar la talla, cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución, las leyes y los convenios y pactos internacionales.
*Jurista y autor de varios libros.