Editorial

Por un puñado de mentiras

Dicen que nunca se miente tanto como en una campaña electoral y en una guerra. Bolivia vive hoy una mezcla de ambas. Lo que comenzó como una disputa política ha derivado...

Editorial | | 2026-06-07 08:14:07

Dicen que nunca se miente tanto como en una campaña electoral y en una guerra. Bolivia vive hoy una mezcla de ambas. Lo que comenzó como una disputa política ha derivado en una estrategia de confrontación permanente donde las mentiras se han convertido en armas de combate. Se lanzan al aire, se repiten una y otra vez y terminan siendo aceptadas como verdades por miles de personas. Por un puñado de mentiras se moviliza gente, se bloquean caminos, se paraliza la economía y se destruye el país.

Una de las falsedades más repetidas es que las tierras productivas de Santa Cruz pertenecen a los pueblos originarios del occidente y que existe una deuda histórica que debe pagarse mediante una especie de redistribución forzada. El problema es que quienes promueven ese discurso omiten una realidad que se resisten a ver: ni siquiera muchos campesinos e indígenas del altiplano son propietarios plenos de las tierras que ocupan. Dependen de estructuras sindicales y comunitarias que limitan su capacidad de decidir libremente sobre ellas. No pueden venderlas, hipotecarlas ni disponer de ellas como un propietario común. Su relación con la tierra está condicionada por sistemas de control colectivo que terminan concentrando poder en dirigentes antes que en las familias.

Entonces surge una pregunta elemental: si ese modelo no ha generado prosperidad donde ya existe, ¿por qué habría de hacerlo en Santa Cruz?

Otra mentira frecuente es que la riqueza cruceña es producto de privilegios. Se presenta a Santa Cruz como una tierra donde todo es fácil y donde los empresarios simplemente recogen los frutos sin esfuerzo. La realidad es muy distinta. Emprender es difícil en cualquier lugar del mundo. Miles de empresas fracasan cada año incluso en las economías más desarrolladas. La diferencia es que en Santa Cruz existe un entorno relativamente más favorable para trabajar, invertir y asumir riesgos. Durante décadas ha ofrecido mayores espacios de libertad económica y movilidad social.

Tampoco es cierto que Santa Cruz sea una tierra de extranjeros. El crecimiento demográfico del departamento se explica principalmente por la llegada de bolivianos provenientes de todos los rincones del país. Cochabambinos, paceños, orureños, chuquisaqueños, potosinos y tarijeños han construido junto a los cruceños la región más dinámica de Bolivia. Quienes hoy hablan de invasiones o limpiezas étnicas olvidan que millones de personas tienen familiares que migraron precisamente buscando mejores oportunidades.

Y allí aparece otra gran mentira: creer que el progreso depende de quién ocupa el gobierno y por eso ellos quieren un gobierno de aymaras. Durante dos décadas se prometió que el Estado resolvería todos los problemas, repartiría riqueza y garantizaría bienestar. Sin embargo, la experiencia demuestra que ningún gobierno puede sustituir la iniciativa de la gente. Las sociedades prosperan cuando existen reglas claras, seguridad jurídica, libertad para emprender y oportunidades para trabajar.

Cuando un país comienza a tomar decisiones basadas en consignas falsas, termina pagando un precio muy alto. Hoy Bolivia enfrenta ese riesgo. Porque detrás de muchos bloqueos, discursos incendiarios y amenazas de confrontación no hay propuestas ni soluciones. Hay apenas un puñado de mentiras que, repetidas hasta el cansancio, pretenden convertirse en destino nacional.