Hay una imagen que muchos padres conocen bien: la del niño que intenta dar sus primeros pasos. Observa los brazos extendidos de su padre y, aun así, duda. Da un paso adelante, luego retrocede. Quiere soltarse, pero el miedo le impide decidirse. Bolivia parece estar observando una escena parecida, solo que ya no se trata de un asunto infantil, sino de una crisis nacional que cumple 36 días y mantiene al país paralizado. Rodrigo Paz continúa hablando de diálogo, de encuentros y de nuevos intentos de negociación. Incluso después de más de un mes de bloqueos, 92 puntos de corte y una población golpeada por el desabastecimiento, sigue anunciando que evaluará “el siguiente paso”. La pregunta es cuánto tiempo más puede permanecer el país esperando mientras el Gobierno sigue mirando el borde sin decidirse a actuar. La diferencia es que Paz no tiene delante los brazos protectores de un padre. Tiene frente a él a millones de bolivianos que sufren las consecuencias del conflicto y que esperan una decisión. No esperan discursos sobre el siguiente paso. Esperan que, de una vez por todas, lo dé.