El pliego petitorio de la COB del 1º de mayo, por su extensión, parecía más un menú de chifa que un documento base para la negociación. Viendo en retrospectiva, los autores del pliego no tenían intención alguna de negociar. Sabían que sus demandas no serían aceptadas por un gobierno responsable, cualquiera que sea, dada la difícil situación económica en la que está el país.
El pliego fue un pretexto para tratar de conseguir lo que les interesaba más: la toma del poder con la dimisión del presidente elegido constitucionalmente, Rodrigo Paz. El pliego quedó rápidamente encarpetado y la COB, con sus recientes aliados, los Túpac Katari, decidieron ir a la huelga indefinida y al bloqueo de La Paz y El Alto.
El argumento de que Rodrigo Paz, hijo de boliviano, es español contradice a lo dispuesto por la Constitución Política del Estado. Argüir en sentido contrario, como lo hace Evo Morales, desconoce la Constitución.
Las manifestaciones para derrocar al gobierno constitucional no han tenido el éxito que se esperaba y la población no las apoya. En realidad, los bloqueos penalizan sobre todo a los más pobres y a los pequeños productores, como tan gráficamente lo hace notar Carlos Toranzo en un reciente artículo.
El mundo entero condenó la técnica de guerra de Israel (violando el derecho internacional) de hacer hambrear a los habitantes de Gaza. Quién creyera que compatriotas nuestros estén haciendo lo mismo que los israelíes con los que no apoyan a sus bloqueos, que son muchos.
Los precios de la canasta familiar han subido a la estratósfera porque los bloqueadores cobran un peaje para dejar pasar los productos del campo.
Los comerciantes trasladan ese sobrecosto a los consumidores. El movimiento –que tal vez fue revolucionario al principio– se ha convertido en un movimiento de extorsionadores, como lo han denunciado pobladores de varias comarcas del país.
Hay regiones, según El Deber (02-06-2026), en las que se desafían los bloqueos. Este movimiento puede extenderse y el país entrar en una abierta confrontación entre hermanos, tanto más que hay termocéfalos en los dos lados. No serán simples peleas de cantina, a no ser que la policía intervenga oportunamente.
La demanda de los cobistas y túpac kataristas de dimisión del Presidente y del llamado a elecciones se puede volcar contra ellos. Suponiendo que se accediera a este pedido –que de por sí es muy costoso en una situación de finanzas fiscales muy precaria y en poco tiempo– lo que posiblemente se tendría como candidaturas sería una sopa de siglas. Puede salir elegido presidente el candidato que prometa mano dura contra el actual bandolerismo.
No será tan cuidadoso con el respeto a los derechos humanos, con el beneplácito de la población, como sucede en El Salvador, con Bukele, o en el Ecuador, con Noboa. En Colombia también ganó en primera vuelta un candidato (de la Espriella) cuyo principal programa de gobierno es luchar contra lo que él califica de bandas criminales.
Los votantes de las ciudades se acordarán de las penurias que les han hecho sufrir los bloqueadores. Tampoco los campesinos deben estar muy contentos por estar obligados a bloquear para los nuevos mayordomos. No pueden vender sus productos, que en algunos casos se les están pudriendo y, más grave aún, su ganado y sus aves se están muriendo por falta de alimentos (como la torta de soya, el maíz, el sorgo, etcétera).
El pueblo al que dicen representar los actuales bloqueadores no les reconocerá la tal representación. Sucederá como en 2020, cuando un factor importante para la victoria electoral de Luis Arce Catacora, fue el recuerdo de la muy impopular cuarentena, por las limitaciones que imponía para ganarse la vida y para obtener alimentos.
Los manifestantes están esperando un Pol Pot originario, disfrazado con un poncho rojo. Evo que no se haga ilusiones. Este Pol Pot tendría la oposición de las ciudades y se ingresaría a una completa ingobernabilidad.
Los cobistas –túpac kataristas– se estarán disparando ellos mismos en el pie. Están produciendo un gran daño al país –que ya estaba maltrecho con los 20 años de mal gobierno del MAS– y a ellos mismos.