
La percepción de la corrupción a nivel mundial continúa deteriorándose y cada vez son menos los países considerados altamente transparentes, según los resultados más recientes del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) elaborado por la organización internacional Transparencia Internacional.
El informe correspondiente a 2025 muestra que la puntuación promedio mundial cayó a 42 sobre 100, marcando el primer retroceso global registrado en más de diez años y reflejando un debilitamiento de la confianza en las instituciones públicas de numerosos países.
La investigación evalúa a 182 naciones y territorios utilizando una escala en la que 0 representa los niveles más altos de corrupción percibida y 100 los más bajos. De acuerdo con los resultados, 122 países obtuvieron menos de 50 puntos, lo que evidencia la magnitud del problema a nivel internacional.
El país mejor calificado fue Dinamarca, con una puntuación de 89, seguido por Finlandia con 88 y Singapur con 84. También destacaron Nueva Zelanda y Noruega, ambos con 81 puntos.
Entre las economías más desarrolladas, el informe destaca el caso de Estados Unidos, que obtuvo 64 puntos y descendió al puesto 29 del ranking mundial, registrando su peor resultado desde que comenzó a elaborarse el índice.
Uno de los hallazgos más relevantes es la reducción del número de países considerados altamente transparentes. En 2015, doce naciones superaban los 80 puntos en el IPC; una década después, esa cifra se redujo a apenas cinco.
Según Transparencia Internacional, este deterioro está relacionado con factores como la creciente polarización política, la disminución de la confianza ciudadana en las instituciones y las presiones sobre los mecanismos de control y rendición de cuentas.
El informe advierte además que la corrupción no solo representa un problema político, sino también económico. Diversos estudios muestran que los países con mayores niveles de corrupción suelen registrar menor inversión, crecimiento económico más lento y una administración pública menos eficiente.
La corrupción también afecta la calidad del gasto estatal. Recursos destinados a infraestructura, salud, educación o programas de desarrollo pueden verse desviados mediante sobornos, contratos irregulares o mecanismos opacos de contratación pública.
Los efectos suelen ser especialmente severos en países de bajos ingresos, donde las instituciones son más vulnerables a la influencia de grupos criminales, redes de poder económico y estructuras de captura del Estado.
El estudio también pone de relieve el costo humano de la corrupción. Desde 2012, al menos 150 periodistas que investigaban casos de corrupción fuera de zonas de conflicto han sido asesinados, la mayoría en países con bajos niveles de transparencia y débiles garantías institucionales.
Ante este escenario, organismos internacionales han insistido en la necesidad de fortalecer los sistemas judiciales, garantizar la independencia de los medios de comunicación y promover una mayor cooperación internacional. Sin embargo, el panorama actual muestra que la corrupción sigue siendo uno de los desafíos más persistentes y difíciles de revertir en el mundo contemporáneo.