Tribuna

¿Qué hacer si te hacen brujería?

¿Qué hacer si te hacen brujería?
Javier Gómez Graterol - Religioso y periodista | Religioso y periodista
| 2026-06-01 00:05:58

Me preguntó alguien qué se puede hacer si se siente o se sospecha que, como cristiano, se está siendo víctima de un ataque de brujería. El primer punto que quiero dar como reflexión para dar respuesta es esa frase: "El poder no es solo lo que tienes, sino lo que el enemigo cree que tienes" (Saul Alinsky), para con ello dejar claro que, para la Iglesia, la respuesta ante la brujería, el ocultismo o el llamado "mal de ojo" no se basa en el miedo, ni en recurrir a "magia blanca" o amuletos (lo cual la Iglesia considera un pecado de superstición).

Dios siempre ha sido claro en la revelación respecto a este tema:

"No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas..." (Deuteronomio 18, 10-12).

"Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo." (Levítico 20,27).

En cuanto al poder o no de la brujería, la teología dogmática y la pastoral de la Iglesia enseñan que el cristiano ya está protegido por la victoria de Jesucristo en la Cruz. Para hacer efectiva esa protección en la vida diaria, un católico debe fortalecer su vida de gracia: “La gracia de Dios nos ayuda a andar y nos sostiene. Nos es tan necesaria como las muletas a un lisiado.” (Santo Cura de Ars).

Principales armas del cristiano contra toda brujería:

La mejor "armadura" es estar en comunión con Dios. Si el alma está llena de la gracia divina, el demonio tiene muy poco o ningún margen de maniobra. "La gracia divina es invisible, pero es la más real y poderosa de las fuerzas." (San Alberto Hurtado).

La confesión frecuente: Es el sacramento de sanación por excelencia. Una buena confesión borra los pecados, rompe lazos espirituales con el mal, y devuelve la gracia santificante. Teológicamente, una sola confesión humilde tiene más poder expulsando el mal que un exorcismo solemne, porque perdona las culpas.

Comulgar frecuentemente: Recibir a Cristo en la Comunión (siempre en estado de gracia) fortalece el alma con el alimento celestial. No hay fuerza oscura que pueda prevalecer allí donde habita el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Oración Diaria: Mantener una relación viva con Dios a través del diálogo constante.

Uso de sacramentales: La Iglesia pone a disposición de los fieles los sacramentales, que son signos sagrados instituidos para santificar diversas circunstancias de la vida. Se ha de tener en cuenta que estos no son amuletos mágicos. Su eficacia no proviene del objeto en sí, sino de la oración de la Iglesia y de la fe de quien los usa. Sacramentales como el agua, la sal y el aceite exorcizados/benditos: Se pueden usar en el hogar o en la comida. Simbolizan la purificación y la protección divina.

El Santo Rosario: considerado por muchos santos como el arma más poderosa contra las fuerzas del mal, su rezo frecuente repele la influencia demoníaca.

Medallas y crucifijos: Especialmente la Medalla de San Benito (que incluye oraciones explícitas de exorcismo en sus iniciales) y la Medalla Milagrosa. Deben estar bendecidas por un sacerdote. La de San Benito, con la oración que le es propia.

Oraciones de liberación y protección: Un fiel laico no puede realizar un exorcismo (eso está reservado exclusivamente a los obispos o sacerdotes autorizados por ellos), pero sí puede y debe rezar oraciones de imprecación menor o de protección.

Oración a San Miguel Arcángel: Escrita por el Papa León XIII, es la oración por excelencia para pedir defensa en el combate espiritual.

Invocación del Nombre de Jesús pidiendo su gracia: El nombre de Jesús hace temblar al abismo “Fortalécete con la gracia de Cristo Jesús.” (2 Tim 2,1)

Rezo frecuente del salmo 91 (90 en la Vulgata): El salmo del amparo divino por excelencia ("No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día...").

Cerrar "Puertas Espirituales": A menudo, los efectos de un maleficio o una influencia espiritual opresiva encuentran espacio porque la persona, de forma consciente o no, abrió una "puerta". Para protegerse, hay que cerrarlas por completo, hacerlo pasa por evitar la curiosidad por lo oculto: No consultar el tarot, horóscopos, lectura de manos, Ouija, ni asistir a sesiones de espiritismo o limpias chamánicas. Buscar "magia blanca" para deshacer "magia negra" es un grave error que empeora la situación espiritual.

Perdonar: El rencor, el odio y la falta de perdón hacia quienes nos han hecho daño actúan como un imán para las ataduras espirituales. Perdonar en el nombre de Jesús rompe esos lazos.

San Agustín utilizaba una analogía muy clara: el demonio, tras la victoria de Cristo, es como un perro amarrado; ladra con fuerza, pero solo puede morder a quien se le acerca demasiado por el pecado o la superstición. Confía en Dios, mantén tu fe firme y recuerda que «si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8, 31). Dios con nosotros.

Javier Gómez Graterol - Religioso y periodista | Religioso y periodista